Mi nombre es Carlos, y soy interino

•febrero 9, 2018 • Dejar un comentario

Llevo mucho tiempo ya desconectado, y me pregunto por qué. A veces, cuando pienso en volver a escribir, manifestar, exponer, opinar, clamar, denunciar, rogar, ahogar, desahogar, purgar, reflexionar… caigo en la cuenta de que casi todos los verbos son de la Primera Conjugación. ¡Pero no, no es broma!… Lo cierto es que esta tarea, más o menos autoimpuesta (resulta obligatorio un ulterior despiece -¡despiezar!- de este asunto: de mi “dependencia”, por así decirlo; más adelante), me invita a probar el alcohol, o algo más fuerte. No es que vaya a ser así necesariamente, no; pero tampoco lo descarto por otro motivo que no sea el de preservar mi propia lucidez.

Lucidez y serenidad: muy necesarias… Para todo en la vida, por descontado; pero aún más imprescindibles cuando alguna vida serpentéa por las rutas inciertas de la precariedad agradecida; por muy “estable” y cierta que ésta sea… ¡Ahora lo recuerdo!: puede que, a lo largo de estos siete años de confirmación de todos mis augurios, haya recibido numerosas “prescripciones facultativas” que me recomendaban reposo y serenidad: cierta clase de auto-engaño o indiferencia ante este estado de dependencia… “Mi nombre es Carlos, y soy interino”.

Una especie de vergüenza o baldón, ¿no es así?… A esta dependencia, se debe aclarar, no se llega por propia decisión, por frivolidad o debilidad de carácter: se trata de una situación anti-natura y exógena, que en nada depende de -ni es proporcional a- el esfuerzo, el mérito o los “pecados” de los aspirantes… Como no lo es, tampoco, la familia que nos toca en suerte; o si padecemos una enfermedad grave; o si sufrimos un accidente de carretera; o si nos deslizamos por una sima en una excursión de montaña… Esto de ser o no ser, de que te caiga el tiesto en la cabeza o el “gordo”, es una cuestión metafísica, de la que no sé si reirme o llorar ante ella.

Los más sensatos y avezados opinarán que este precioso tiempo de desvarío lo debiera dedicar el aspirante a sufrir más ante el Temario, ya que es el sufrimiento lo que nos aboca a cierta suerte de dignidad -¿útil?- y excelencia: al mérito y al reconocimiento final. Disiento, por descontado; y así lo hago, ¡porque lo siento!… O lo he sentido, más bien: a lo largo de un mínimo de siete años. Con total nitidez.

Estarán de acuerdo conmigo en que es anti-natura obtener peores resultados cada vez que uno se presenta a una prueba, rutinaria, recurrente y obsesiva: peores, cuanto más experiencia y esfuerzos dedicados al estudio y a la práctica de una profesión. Admitamos que es un sorteo, pues, y ahorremos así a la sociedad este dispendio y tantos traumas: con esta sencilla medida de desistimiento (¡y reconocimiento!), las arcas públicas se sentirían muy agradecidas. No sé si es ésta mi primera idea constructiva de la jornada. 

¿A qué me lleva esto?… No lo sé: a no dedicar ni un segundo más de mi única, preciosa vida a esta piedra de Sísifo -mi viejo “apodo”-, tortura absurda e inútil. ¡Por ejemplo!… Pero me dedico a ello; vivo de ello… Los más maliciosos pensarán -ninguno ha tenido la valentía de decírmelo de forma abierta y a la cara- que, como todos los que compartimos este estado de dependencia pagada, subvencionada, deberíamos sentirnos exultantes y agradecidos: ejercer felices esta profesión nuestra de funcionarios “síperono”, contentos dentro de los límites de nuestras capacidades taradas, insuficientes, y aceptar el sino; ya sea éste o no.

Hoy se han convocado otras oposiciones en Cantabria. En las Comunidades vecinas, mis colegas de asignatura aplauden con las orejas: por cierto… Agravante de ello es la ausencia, en la región más débil y precaria del norte de España (hay que referirse a ello de alguna forma), de todo centro de formación superior artística o cultural. Las prioridades, por supuesto, quedan claras: teniendo la potencia y peso específico en tecnología, turismo, infraestructuras e industria pesada que Cantabria ha llegado a acumular, es lógico que esta región no dedique más de lo imprescindible a algo tan accesorio: ¡Arte y Cultura!

Parece que sólo tengo palabras para los que, con éstas nuevas mías, renovarán motivos para despr… descartarme. Lo cierto es que algunos podrán sentir, de forma genuina y sincera, lo contrario. Pero de nada servirá su aprecio; excepto para que yo lo valore y lo agradezca: este sistema endiablado, injusto, ineficaz, inhumano, desquiciado, demoledor, aleatorio y estúpido resistirá; y nos sobrevivirá a todos. Vivimos en un país que -lo sabemos bien- persevera en sus errores; no sé si heróicamente, pero sin duda lo hace. Desagradecido y letal con los suyos como pocos, con los más leales.

Si me contradigo; si dedico más de un segundo a este despropósito, ¡POR OCTAVA VEZ, EN CASI VEINTE AÑOS!, será por un sentimiento de acoso y de derribo; por imperativo legal; por mi hija… Y en un muy relegado y solitario lugar de la lista, cuento con mi dignidad y mi amor propio: desangelados, desasistidos, desvencijados, desautorizados, desactivados, desilusionados… humillados y asqueados.

¡Suerte!

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¿Qué hemos hecho los españoles (privados de “hecho diferencial”) para merecer esto?

•noviembre 5, 2017 • Dejar un comentario

Días atrás, en silencio, editaba un grito: éste. ¡Un grito en silencio!No es sólo una paradoja mediocre: es la expresión más precisa que se me ocurre para describir tantas décadas de “trágalas”. Es pudor, hastío (lo deja claro ese título); es una especie de resignación envenenada, que intuyo peligrosa: un pequeño monstruo, que los que nos desprecian -o que, como mínimo, nos tratan con condescendencia- han querido hacerme crecer dentro: adoran crear coartadas, búmerans de auto-justificación, y no les importa dedicar décadas y generaciones enteras a tan victimista y paciente tarea. En ello, poco les distingue de otros (¡incluso más letales!), que hasta tienen a un Dios de su parte: puede que sea por esto que se crean tan seguros con ese otro monstruo alienígena en su seno; un porcentaje suicida de su población entregado a OTRA causa… ¡No saben a qué se enfrentan, estúpidos!

No importa… Si lo habéis leído ya, tal vez me acuséis -¡una vez más!- de críptico. Los buenos lectores acaso hayan captado la idea esencial: hablo de evidencias, de agravios y de decepciones irreversibles. Creo que, lo que sigue, expresa con total nitidez las consecuencias del lastre de tanto oprobio: uno que nadie reconoce y que, por tanto, nadie cree que deba repararse: como si el deber de muchos españoles sea el de contentarse con ser siervos de otros pocos… ¿No es como si perviviera entre estos liberales una convicción, una esencia feudal, de superioridad supremacista, a la que su nobleza les obliga?… ¿Deberíamos los siervos habernos sentido honrados de servirlos a ellos?… ¿No es su reclamación de independencia la expresión de una legítima desilusión ante la deslealtad e ingratitud del siervo, que ya no parece aceptar serlo? (no de buen grado, al menos)… Muchas preguntas: todas parecidas.

Me sorprende que, lo que para mí lleva siendo una evidencia desde hace décadas, de repente se muestre y difunda -un poco tarde, me temo- como si de una certeza, vergonzantemente ignorada, se tratase.

“¡¿Qué han hecho España y los españoles para merecer esto?!”, se preguntarán muchos… Hoy, por ejemplo, hemos soltado entre todos -¡la retórica sobre “lealtad” y “reciprocidad”, bastante insultante, sobraba, Montoro!– unos pocos de millones más a los más necesitados: al muy oprimido pueblo de los “euzkos”, gente menesterosa y desdichada donde la haya, por todos es sabido. Precisan, los pobres, ese “plus” para pagar a Iberdrola la factura del consumo de megakilovatios en sus autopistas, que son las únicas del “estado español” (junto a las navarras, supongo) que permanecen, y han permanecido, plenamente iluminadas durante la noche eterna (para nosotros, no para ellos) de los recortes y la precariedad: si alguien se la ha de jugar conduciendo, ¡que no sean ellos, faltaba más!; o para seguir promocionando su apenas jaleada gastronomía, junto a sus escuelas de internacional y muy sajón nombre (¡ehpañó caca!); o para sostener los mejores festivales del mundo de lo que se tercie; o para pagar a sus gudaris casi mil euros más que a la escoria “paramilitar” españolaza; o para pagar más que nadie a sus funcionarios, en general, y al resto de sus empleados, por descontado… ¡En fin!: para mantener -y hasta ampliar- la distancia con la chusma rastrera del resto del “estado”, no sea que nos creamos algún día iguales que ellos, y empecemos a reivindicar con la contundencia que suexcencias saben manejar con tanta eficiencia: ¡será por tecnología y ciencia, otra cosa en la que mil vueltas nos dan, como en todo, a los decadentes españoles!

No es broma: el dispendio, el lujazo, la cesión, la privación, la humillación de hoy, como tantas, no acabarán con la sangría, ni “comprará” su respeto: al contrario, inflará su condescendencia o desprecio, y les convencerá de que nos merecemos ser atracados y menoscabados.

Sea como sea… ¡me pregunto si se ha hecho algo, realmente, para merecer esto!: y no es una pose cínica; no en este preciso instante… Me pregunto si la España que se deja hacer esto, de forma sistemática y en modo “crescendo”, se ha ganado a pulso la chulería y la arrogancia de los más acomodados, amparados en sus “hechos diferenciales”, si no en sus santos kojones…”.

Debo añadir: esto no ha hecho más que empezar. Es difícil afrontar lo que se espera desde una posición de siervo, de “culpable”, de “cornudo apaleado”, de “puta que paga la cama”… de débil invisible, con lastres de Pecados Originales ignominiosos: opresor, reaccionario, imperialista, españolista, fascista… Si ya han leído la anterior entrada: todas ellas, palabras de MIERDA (¡que no se nos calle con ellas!).

Me queda desear que estas palabras mías (¡como tantas otras!) no supongan nunca una amenaza, una espada de Damocles: una declaración política intolerable para algunos, que sienten la tentación de mantener a miles o millones de bocas cerradas: no con su mierda caliginosa, sino con sangre. Si ese día se consiente y llega, habremos vuelto a lo que, en realidad, tantos añoran.

Escatología y lírica (y hastío)

•octubre 27, 2017 • Dejar un comentario

Acabo de escuchar, prácticamente en directo, a un “charnego” puro (calculado por él mismo: 99% andaluz, 1% gallego), hombre de estudios, viajado, de mundo; y que se ufanaba de dominar cuatro idiomas… Asumo que dos de éstos eran el español y el catalán. Daba a entender con ello que su visión de la realidad era diáfana, armada con criterios firmes, cabales, y a salvo de tergiversaciones (o “tragiversaciones”, como decía una “compatriota” suya: sumen a la LOGSE los efectos demoledores de la “inmersió”). Todo ocurría en la Plaza de San Jaime de Barcelona, casi al final de la “selebrasió” por los fastos de la diada histórica. Aseguraba el muy oprimido ex-español, al que le nacieron en Cataluña (Franco mediante: “¡Gracias por el I.N.I., Quico!”), que él conocía muy bien al “estado español” y sus gentes, y que había llegado a la muy cabal y firme convicción de que no somos de su agrado. Deduzco que él cree estar en otra “dimensión” o nivel: por descontado, se tratará de algo muy superior y satisfactorio.

Al hilo de tan ilustrada chulería y jactancia, se me ocurre cómo puedo pedir yo la “baja” de este tinglado fallido y decepcionante (llevo años ya describiendo -aún diría más: ¡”sangrando”!- los motivos por los que un servidor, un cántabro, un español tiene MÁS derecho y más motivos de queja que todos los “nacionatas” juntos… ¡Pero ellos son un “lobby” muy mimadito!)… Me da por preguntarme cómo puedo prescindir de lo que me define, me constituye y ata: mi esencia y mi “entidad cultural y jurídica”… ¡¡Cómo despojarme de mis condiciones de mí mismo “sine qua non”!!… ¿Cómo ser desleal y traidor y caer, finalmente, sobre un lecho de plumas, cargado de razones y pertrechado de desprecio y arrogancia impunes?

Dejo de hacerme estas preguntas, u otras parecidas, porque no les encuentro respuesta: no, al menos, ninguna sensata… Cansancio y hastío.

Lo que transcribo a continuación ya tiene unos días. No me decidí a publicarlo en su momento: imagino que no lo acababa de ver suficientemente “contextualizado”. A lo largo de estos días atrás el “contexto” se ha ido adecuando a estas palabras mucho más: quizá a la perfección, incluso… ¡Escatología y lírica!

 

´Pensaba el otro día en elaborar una lista: ¿de problemas reales y sin resolver; huérfanos, además, de voluntarios para intentarlo?; ¿de agravios?; ¿de arrogancia e impertinencias, y de nuestro estoicismo por respuesta?… ¿De preguntas en silencio y de paciencia?… Pensaba, tal vez, en la esperanza –cuando aún quedaba- de ver llegar alguna vez nuestro turno, nuestra dignidad, honrada y satisfecha: nuestro reconocimiento. ¡Ser mostrados, siquiera!

Lo cierto es que llevo años hablando o escribiendo sobre lo mismo: las raíces profundas del desánimo y de la derrota. ¿Definimos derrota?: en infinitivo, derrotar(se), es rendir(se)… MI rendición es -o ha sido- un fenómeno difundido, difuso y blando: sospecho que muchos podrán decir lo mismo, comunidades completas de aparentes sumisos, reblandecidos y derrotados… En realidad, se ha paliado el descontento, difuso y blando, con una pantalla de circunstancias apenas tolerables: no lo bastante catastróficas como para justificar una revuelta (en Cantabria, sin ir más lejos); pero tampoco lo bastante dinámicas e innovadoras como para dejar de mirar de soslayo a los más ufanos gigantes que se levantaban a nuestro lado, mirándonos éstos por encima del hombro (desde el este de Cantabria, sin ir más lejos).

Sea como sea, los éxitos -de haberlos habido- son parciales, personales, carísimos, sin subvención, provisionales, condicionados, sin presupuesto, sin el amparo de una “tribu de prestigio”, sin reconocimiento, sin brillo… ¡Con franqueza!: de ésos que ayudan a sobrevivir, pero no a pensar en pegar zancadas más allá de esta mera y gris supervivencia.

En todo caso, sospecho que los problemas reales son tan terribles e irresolubles que nadie se atreve, siquiera, a mencionarlos: no digamos, a tratar de resolverlos. Cataluña, al lado de esto, es una broma: ¡apenas un síntoma! Me sorprende que nadie le esté dando a esta catástrofe la importancia, alarmada y angustiosa, que se merece.

Se ha preferido hablar de “identidad”, de “opresión”, de “humillaciones” y de “compensaciones”… ¡Siempre de los mismos, claro!… El reparto de su mierda ha sido tan masivo que puede que fuera su densidad la que nos tapaba a la mayoría las bocas, enmudecidas por montañas de plastas de amenaza, de miedo, de chantaje y culpa… ¡toneladas de esa maldita mala conciencia, plasta de mierda inducida por los cobardes que nos gobiernan!

Pero, al hablar de su mierda, me acucia un leve prurito de empatía, y me pregunto: ¿hasta qué punto no he participado yo mismo, al compás de un colectivo opresor, del gigantesco fomento de un agravio al otro, al “distinto”; al mejor, incluso: obligada esta élite diferencial, profesionales de la ofensa, al florecimiento del odio, al florecimiento de la MIERDA?… (a su pesar, huelga decirlo: ¡pobres víctimas!).

Así pues, tenemos a un muy concienciado pueblo enmierdado, ofendido, que no aguanta más; y se empeñan los héroes, por tanto, en repartir e impartir, entre convenientes y masivas raciones de mierda, la justicia debida: ¡nos la merecemos!… ¿Nos lo merecemos?

¿¡Justicia!?… Aquí se agotan, de repente, mi empatía y mi comprensión: me pregunto por qué MI mierda, MIS preocupaciones, MIS agravios, MIS precariedades, MIS frustraciones son menos importantes que las de ellos: una pregunta que es sencilla y que es sensata (a nadie le interesa responderla).

Tal vez se crea que su número, su “relevancia”, su concienciación y su largo empeño histórico les conceden una urgencia en la escala de valores; y prioridad, así pues, sobre el curso de la Gran Historia: me veo forzado a cederles el paso a su masa vociferante y cargada de razones. Bajo el peso de mi mentalidad de siervo, lo hago.

¿¡Razones!?… Se expresan mejor con desdén y hostilidad: lo de menos son su certeza, su rectitud y su sensatez; lo de más, la propia carga, su masa, su volumen: su carga y descarga: su VIOLENCIA. Y, si está cargada de mierda, tanto mejor… ¡Abrid esas bocas, pueblos ibéricos de segunda!´

Se lo dedico a los que se han tomado la molestia de bucear en ello y de entenderlo.

Recuerdos y vigencia de la serpiente

•octubre 18, 2017 • Dejar un comentario

Me lleva la memoria a los días (últimamente está ocurriendo a menudo) en que las “brigadas informativas” del M.N.L.V. pasaban por las aulas de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco: interrumpían las clases, exponían sus “reivindicaciones” y relataban las últimas incidencias en el proceso del “conflicto”. Por lo general, no se conformaban con esto, ya que lo más habitual era que se nos “invitase” a todos a sumarnos a la “lucha”: a la greba, como mínimo, pues no pocos entusiastas, convencidos seguidores de la causa de antemano, emprendían una actividad reivindicativa pura junto a estos katxorros de asalto.

Entre los docentes, se podían caracterizar tres tipos: 1/ El activista, oscilante éste (o ésta) entre lo más o menos incendiario y el puro cinismo más ladino; 2/ El simpatizante disimulado, cercano a la segunda opción del primer tipo: menos ostentoso, pero un claro despreciador de lo “estatal”; y 3/ El domesticado, que podía responder a un estoicismo no heróico, con indicios de somatización más o menos leves u ocultos; o, en los casos más dramáticos, a un estado de franco terror, acobardado y rendido.

No creí que tuviera que rememorar ya, a mis cincuenta y dos, aquellos años de los 80: no, al menos, por necesidad y por la -podríamos llamarla así- vigencia de lo tangible. Por otro lado, creo que nunca dejé de tener la certeza de que aquella “serpiente” había puestos numerosos “huevos”, y que éstos sobrevivirían y prosperarían… Siempre esperé ver reaparecer a sus crías de sonrisita bífida y chulesca. Ya las tenemos aquí: son más y han medrado por más territorios. Me pregunto qué clase de desaprensivos las han dejado vivas. ¡Pero no sólo!: ¡¿qué estúpidos irresponsables, canallas o ingenuos, las han alimentado?!

Añadiré que, en aquellos años de estudios y despertares, jamás me sentí partícipe o testigo de ceremonias de democracia o de luchas legítimas. Todo lo contrario: a pesar de mi juventud, siempre tuve claro que aquello era coacción, intimidación y mafia. Me pregunto si los que ahora tienen aquella edad mía de entonces poseen los criterios, la lucidez y las evidencias suficientes para distinguir entre los que los liberan y los que les manipulan y chulean.

Vivimos hoy, treinta años después de aquello, una versión empeorada y aumentada de un proceso endiablado y perverso de acoso impune y canalla: a los individuos, desde luego; pero también a un marco de convivencia y a un sistema entero. He sido -y aún lo soy- un claro convencido, y asqueado por ello, de que éste no ha funcionado correctamente; pero, sobre todo, un convencido de que no se le ha permitido NUNCA hacerlo del todo: los responsables han sido los corruptos y los incompetentes; los de las componendas y los “pactos” con alevosos y ventajistas; los votantes reincidentes y los pasivos, también; pero los más dañinos, los más traidores, los más indecentes y repugnantes, no lo duden, son los mismos que ahora lloran sus lágrimas de reptil (de serpiente, no de cocodrilo), al tiempo que imploran el apoyo y la comprensión de “Europa” y del resto de los países demócratas del mundo… ¡Pobres!

Si no fuera trágico, sería un espectáculo de genuina comicidad: una pesadilla burlesca, que ni Dalí o Boadella hubieran podido concebir, siquiera en comandita.

El próximo día 9 voy a atracar un banco…

•octubre 4, 2017 • Dejar un comentario

Una oficina del “Beveuvea”. Soy cliente de la parte “A” del tinglado, así que estaré como en casa. Me haré fuerte en ella. Abriré un butrón vertical en el suelo de la oficina del Director, así como de un metro setenta: encajaré al oligarca en el susodicho, le cubriré de miel y dejaré que lo devoren miles de hormigas rojas del Amazonas (ésas ya las pongo yo, no se preocupen).

Mientras tanto, un “jáker” ruso amigo mío, llamado Vladimir, me va a amortizar las hipotecas, lo primerito de todo; y luego se va a poner a hacerme transferencias masivas a mis cuentas de Suiza y Andorra (cuando él me las abra desde un P.C., claro, que yo no he estado allí en mi vida).

Mis asesores más aguerridos, barbudos “de origen” afgano (en realidad no los conozco mucho: acaban de llegar al país, o lo que sea esto, en moto acuática por Conil: ¡tenían un empeño por venirse de Siria las criaturas que no era normal!), irán degollando a un cliente cada cinco minutos, al parecer, que se han empeñao… ¡Yo esta parte no la acabo de ver, esa es la verdad!… Pero ellos, ¡erre que erre!… No sé… Espero que luego no les dé por llenar aquello de reivindicaciones políticas y de gritos extemporáneos, ¡qué desagradable!: yo he sido SIEMPRE partidario del diálogo y tal… Cuando las cosas se hayan calmado (por si la poli interviene, llevo conmigo a una Comisión de Observadores Independientes de “Jiuman Raits Guach”, sección Corea del Norte) me planteo ofrecer al ruso y a los afganos un “estatus especial” de “normalización” de su situación, en plan autonomía o algo así, y yo probablemente declare la República Independiente de lo que sea, ya se me ocurrirá alguna parida sobre la marcha: me amparan mis sentimientos y mi convicción de merecérmelo, ¡porque me lo he ganao!… Y, por favor: ¡no me digan que no, que yo en el fondo soy muy emotivo y me pongo a llorar!… ¡No se me olvide!: como primer Presidente legítimo, me auto-concederé la inmunidad total de todo para siempre. Por si aca.

¡ESTÁN LAS COSAS PARA POCAS BROMAS!, ¿VERDAD?… Broma o no (lo es, claro), TENGO YO MÁS POSIBILIDADES DE SER INVESTIGADO Y DETENIDO POR ESTA PARIDA QUE ALGUNOS QUE USTEDES Y YO YA SABEMOS: ellos… ¡¡están anunciando OTRA VEEEEEEEEZ, en público, en notorio, en vivo y en directo, QUE VAN A SEGUIR HASTA EL FINAL CON SU GOLPE DE ESTADO…!!

¡¡¡Y NO PASA NADA!!!… Ni les pasará. Estén atentos a las pantallas.

 

 

Huelga de catalanes

•octubre 3, 2017 • Dejar un comentario

Mientras miles de catalanes “comme il faut”, secundados por hordas -aún más numerosas- de charnegos agradecidos, expresan libremente su descontento con la desproporcionalidad de la pacata y acomplejada presencia del “Estat” (¡en algo estamos de acuerdo!) en esta niña mimada de franquismos, borbonáceas y demás géneros, afines y rendidos; mientras, como decía, se desgañitan de indignación -ésa misma en la que los demás, al parecer, no nos hemos acreditado lo suficiente- los que nunca se quejaron de que nuestras “sucias garras” les pusiéran lindas las ciudades, ¿viste?, o les montásen super-puertos, super-aeropuertos, super-ferrocarriles veloces y carreteras “avant la lettre”; industrias, centros referenciales de investigación y educativos, super-museos… en los que, por cierto, se niegan a usar el castellano: ¡esa lengua palurda y minoritaria!… ya que, en el fondo, están de acuerdo con Trump… ¡Pues sí!: los mismos que querían “negociar” un trágala y que lo pagásemos nosotros todo (¡es ya una costumbre, y le han cogido gusto!), que es que ellos siempre fueron especiales y lo quieren seguir siendo: pero más; y a solas; pero no del todo… ¡Es decir!: EN Europa, EN la Lliga, EN el Euro, EN AENA, EN SEAT, EN lo que Sus Señorias tengan a bien, ¡por supuesto!… ¡Y seguir llevándonos chévere, claro, como hermanos y socios, pero todavía hay clases, y la de los españolazos siempre fue la servil y subsidiaria…!

Y el caso es que ocurren tantas y tantas cosas mientras, que se me pierde el hilo de Aracne, tan venenosa como siempre fue, aunque anduviera enroscada en su ovillo de seda… No la veo empeñada en ahorcarse a esta araña díscola y acomodada, medio enloquecida y enfurruñada; y tan airada de desplantes que parece un ventilador: tal vez esa ofuscación, a toda velocidad, gira y gira, sea la que, al final, la apriete el gaznate: la ahorque con su propia industria textil, algo venida a menos (¡son capaces de decir que China les roba por culpa del “Estat Espanyol”!).

¡Mientras!… Mientras, YO HAGO HUELGA DE CATALANES: y lloro al gran Tom Petty, mientras le escucho cantar, desde tan lejos: el primer disco que yo escuché la primera vez que entré en el “Rubicón” la primera noche en Santander tras mi regreso de Belfast (no parecen haber soltado esa tierra los británicos desde aquel año de 1994: ni Gibraltar… ¡otros que son “distintos”!; pero para bien, claro: el suyo).

Me pregunto si deberíamos los españoles seguir comprando vehículos a una empresa que regaló Franco -¡El Petit Dictador!- a los más florecientes, a los más divinos de la “gauche divine”… Una empresa que es alemana, se mire como y por donde se mire: y de perfil será cómo tendremos que mirar a la Merkel, cuando se le insinúe un desmantelamiento de la inversión allá, para traerla acá (¡no, soy cántabro!: ¡JAMÁS me haría ilusiones!). Luego, poco a poco, nos convencerían de la conveniencia, de la serenidad y la buena vecindad… ¡Hombre, pelillos a la mar! ¡Tú sigue a lo tuyo!: tus vinos, tus cítricos, tu aceite, tus fronteras abiertas a cal y canto, tus camareros y tus playas… ¡Tu desmembramiento!… De lo demás, ya nos encargamos nosotros.

Estoy tan de brazos caídos, que hasta me planteo si hoy debo escuchar a los Mompou, Granados o Albéniz… ¡Montsalvatge o Gerhard están fuera de toda discusión!… Incluso, me negaré a echarle un vistazo hoy a las “Chicas de Avignon” de Monsieur Ruiz P., no sea que me deje llevar por mi naturaleza rastrera y enviciada de españolazo y las entre; no sea que me agreda un piquete sexual de policías nacionales encubiertos dispuestos a violar a tó lo que se menée… (y yo, señores, ¡NO SOY CATALÁN!… ni falta que me hace).

Dos “tuits” (El “idilio” de TVE con Cantabria / Inhabilitaciones en cadena)

•octubre 1, 2017 • Dejar un comentario

Primero: ¡Gracias, TVE, por mantener en antena la sublime imagen de la Bella Easo durante un par de miles de horas esta semana! (siempre hay una buena excusa para agasajarnos con ella). Como santanderino, tampoco puedo quejarme: nos sacásteis ayer en el TD de las tres 30 segundos, y dijísteis que era Zaragoza. En la edición de la noche, por cierto, ni siquiera tuvísteis la cortesía de enmendar ese “despiste” de becario primerizo; o de pedir disculpas: ¡me estoy planteando la conveniencia de solicitar la anexión de Cantabria a Guipuzcoa o a Gerona!… ¿Zaragoza?… ¡Mmm!

Segundo: Sugiero que el “Estado Español” inhabilite al inhabilitador del “Estat Catalá” que “blinda” a los cargos públicos suyos (pero que pagamos todos) este fin de semana: las horas o días que hagan falta. Así, su inhabilitasió quedaría inhabilitada… ¡Vaya, he llegado tarde!