Recuerdos y vigencia de la serpiente

•octubre 18, 2017 • Dejar un comentario

Me lleva la memoria a los días (últimamente está ocurriendo a menudo) en que las “brigadas informativas” del M.N.L.V. pasaban por las aulas de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco: interrumpían las clases, exponían sus “reivindicaciones” y relataban las últimas incidencias en el proceso del “conflicto”. Por lo general, no se conformaban con esto, ya que lo más habitual era que se nos “invitase” a todos a sumarnos a la “lucha”: a la greba, como mínimo, pues no pocos entusiastas, convencidos seguidores de la causa de antemano, emprendían una actividad reivindicativa pura junto a estos katxorros de asalto.

Entre los docentes, se podían caracterizar tres tipos: 1/ El activista, oscilante éste (o ésta) entre lo más o menos incendiario y el puro cinismo más ladino; 2/ El simpatizante disimulado, cercano a la segunda opción del primer tipo: menos ostentoso, pero un claro despreciador de lo “estatal”; y 3/ El domesticado, que podía responder a un estoicismo no heróico, con indicios de somatización más o menos leves u ocultos; o, en los casos más dramáticos, a un estado de franco terror, acobardado y rendido.

No creí que tuviera que rememorar ya, a mis cincuenta y dos, aquellos años de los 80: no, al menos, por necesidad y por la -podríamos llamarla así- vigencia de lo tangible. Por otro lado, creo que nunca dejé de tener la certeza de que aquella “serpiente” había puestos numerosos “huevos”, y que éstos sobrevivirían y prosperarían… Siempre esperé ver reaparecer a sus crías de sonrisita bífida y chulesca. Ya las tenemos aquí: son más y han medrado por más territorios. Me pregunto qué clase de desaprensivos las han dejado vivas. ¡Pero no sólo!: ¡¿qué estúpidos irresponsables, canallas o ingenuos, las han alimentado?!

Añadiré que, en aquellos años de estudios y despertares, jamás me sentí partícipe o testigo de ceremonias de democracia o de luchas legítimas. Todo lo contrario: a pesar de mi juventud, siempre tuve claro que aquello era coacción, intimidación y mafia. Me pregunto si los que ahora tienen aquella edad mía de entonces poseen los criterios, la lucidez y las evidencias suficientes para distinguir entre los que los liberan y los que les manipulan y chulean.

Vivimos hoy, treinta años después de aquello, una versión empeorada y aumentada de un proceso endiablado y perverso de acoso impune y canalla: a los individuos, desde luego; pero también a un marco de convivencia y a un sistema entero. He sido -y aún lo soy- un claro convencido, y asqueado por ello, de que éste no ha funcionado correctamente; pero, sobre todo, un convencido de que no se le ha permitido NUNCA hacerlo del todo: los responsables han sido los corruptos y los incompetentes; los de las componendas y los “pactos” con alevosos y ventajistas; los votantes reincidentes y los pasivos, también; pero los más dañinos, los más traidores, los más indecentes y repugnantes, no lo duden, son los mismos que ahora lloran sus lágrimas de reptil (de serpiente, no de cocodrilo), al tiempo que imploran el apoyo y la comprensión de “Europa” y del resto de los países demócratas del mundo… ¡Pobres!

Si no fuera trágico, sería un espectáculo de genuina comicidad: una pesadilla burlesca, que ni Dalí o Boadella hubieran podido concebir, siquiera en comandita.

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El próximo día 9 voy a atracar un banco…

•octubre 4, 2017 • Dejar un comentario

Una oficina del “Beveuvea”. Soy cliente de la parte “A” del tinglado, así que estaré como en casa. Me haré fuerte en ella. Abriré un butrón vertical en el suelo de la oficina del Director, así como de un metro setenta: encajaré al oligarca en el susodicho, le cubriré de miel y dejaré que lo devoren miles de hormigas rojas del Amazonas (ésas ya las pongo yo, no se preocupen).

Mientras tanto, un “jáker” ruso amigo mío, llamado Vladimir, me va a amortizar las hipotecas, lo primerito de todo; y luego se va a poner a hacerme transferencias masivas a mis cuentas de Suiza y Andorra (cuando él me las abra desde un P.C., claro, que yo no he estado allí en mi vida).

Mis asesores más aguerridos, barbudos “de origen” afgano (en realidad no los conozco mucho: acaban de llegar al país, o lo que sea esto, en moto acuática por Conil: ¡tenían un empeño por venirse de Siria las criaturas que no era normal!), irán degollando a un cliente cada cinco minutos, al parecer, que se han empeñao… ¡Yo esta parte no la acabo de ver, esa es la verdad!… Pero ellos, ¡erre que erre!… No sé… Espero que luego no les dé por llenar aquello de reivindicaciones políticas y de gritos extemporáneos, ¡qué desagradable!: yo he sido SIEMPRE partidario del diálogo y tal… Cuando las cosas se hayan calmado (por si la poli interviene, llevo conmigo a una Comisión de Observadores Independientes de “Jiuman Raits Guach”, sección Corea del Norte) me planteo ofrecer al ruso y a los afganos un “estatus especial” de “normalización” de su situación, en plan autonomía o algo así, y yo probablemente declare la República Independiente de lo que sea, ya se me ocurrirá alguna parida sobre la marcha: me amparan mis sentimientos y mi convicción de merecérmelo, ¡porque me lo he ganao!… Y, por favor: ¡no me digan que no, que yo en el fondo soy muy emotivo y me pongo a llorar!… ¡No se me olvide!: como primer Presidente legítimo, me auto-concederé la inmunidad total de todo para siempre. Por si aca.

¡ESTÁN LAS COSAS PARA POCAS BROMAS!, ¿VERDAD?… Broma o no (lo es, claro), TENGO YO MÁS POSIBILIDADES DE SER INVESTIGADO Y DETENIDO POR ESTA PARIDA QUE ALGUNOS QUE USTEDES Y YO YA SABEMOS: ellos… ¡¡están anunciando OTRA VEEEEEEEEZ, en público, en notorio, en vivo y en directo, QUE VAN A SEGUIR HASTA EL FINAL CON SU GOLPE DE ESTADO…!!

¡¡¡Y NO PASA NADA!!!… Ni les pasará. Estén atentos a las pantallas.

 

 

Huelga de catalanes

•octubre 3, 2017 • Dejar un comentario

Mientras miles de catalanes “comme il faut”, secundados por hordas -aún más numerosas- de charnegos agradecidos, expresan libremente su descontento con la desproporcionalidad de la pacata y acomplejada presencia del “Estat” (¡en algo estamos de acuerdo!) en esta niña mimada de franquismos, borbonáceas y demás géneros, afines y rendidos; mientras, como decía, se desgañitan de indignación -ésa misma en la que los demás, al parecer, no nos hemos acreditado lo suficiente- los que nunca se quejaron de que nuestras “sucias garras” les pusiéran lindas las ciudades, ¿viste?, o les montásen super-puertos, super-aeropuertos, super-ferrocarriles veloces y carreteras “avant la lettre”; industrias, centros referenciales de investigación y educativos, super-museos… en los que, por cierto, se niegan a usar el castellano: ¡esa lengua palurda y minoritaria!… ya que, en el fondo, están de acuerdo con Trump… ¡Pues sí!: los mismos que querían “negociar” un trágala y que lo pagásemos nosotros todo (¡es ya una costumbre, y le han cogido gusto!), que es que ellos siempre fueron especiales y lo quieren seguir siendo: pero más; y a solas; pero no del todo… ¡Es decir!: EN Europa, EN la Lliga, EN el Euro, EN AENA, EN SEAT, EN lo que Sus Señorias tengan a bien, ¡por supuesto!… ¡Y seguir llevándonos chévere, claro, como hermanos y socios, pero todavía hay clases, y la de los españolazos siempre fue la servil y subsidiaria…!

Y el caso es que ocurren tantas y tantas cosas mientras, que se me pierde el hilo de Aracne, tan venenosa como siempre fue, aunque anduviera enroscada en su ovillo de seda… No la veo empeñada en ahorcarse a esta araña díscola y acomodada, medio enloquecida y enfurruñada; y tan airada de desplantes que parece un ventilador: tal vez esa ofuscación, a toda velocidad, gira y gira, sea la que, al final, la apriete el gaznate: la ahorque con su propia industria textil, algo venida a menos (¡son capaces de decir que China les roba por culpa del “Estat Espanyol”!).

¡Mientras!… Mientras, YO HAGO HUELGA DE CATALANES: y lloro al gran Tom Petty, mientras le escucho cantar, desde tan lejos: el primer disco que yo escuché la primera vez que entré en el “Rubicón” la primera noche en Santander tras mi regreso de Belfast (no parecen haber soltado esa tierra los británicos desde aquel año de 1994: ni Gibraltar… ¡otros que son “distintos”!; pero para bien, claro: el suyo).

Me pregunto si deberíamos los españoles seguir comprando vehículos a una empresa que regaló Franco -¡El Petit Dictador!- a los más florecientes, a los más divinos de la “gauche divine”… Una empresa que es alemana, se mire como y por donde se mire: y de perfil será cómo tendremos que mirar a la Merkel, cuando se le insinúe un desmantelamiento de la inversión allá, para traerla acá (¡no, soy cántabro!: ¡JAMÁS me haría ilusiones!). Luego, poco a poco, nos convencerían de la conveniencia, de la serenidad y la buena vecindad… ¡Hombre, pelillos a la mar! ¡Tú sigue a lo tuyo!: tus vinos, tus cítricos, tu aceite, tus fronteras abiertas a cal y canto, tus camareros y tus playas… ¡Tu desmembramiento!… De lo demás, ya nos encargamos nosotros.

Estoy tan de brazos caídos, que hasta me planteo si hoy debo escuchar a los Mompou, Granados o Albéniz… ¡Montsalvatge o Gerhard están fuera de toda discusión!… Incluso, me negaré a echarle un vistazo hoy a las “Chicas de Avignon” de Monsieur Ruiz P., no sea que me deje llevar por mi naturaleza rastrera y enviciada de españolazo y las entre; no sea que me agreda un piquete sexual de policías nacionales encubiertos dispuestos a violar a tó lo que se menée… (y yo, señores, ¡NO SOY CATALÁN!… ni falta que me hace).

Dos “tuits” (El “idilio” de TVE con Cantabria / Inhabilitaciones en cadena)

•octubre 1, 2017 • Dejar un comentario

Primero: ¡Gracias, TVE, por mantener en antena la sublime imagen de la Bella Easo durante un par de miles de horas esta semana! (siempre hay una buena excusa para agasajarnos con ella). Como santanderino, tampoco puedo quejarme: nos sacásteis ayer en el TD de las tres 30 segundos, y dijísteis que era Zaragoza. En la edición de la noche, por cierto, ni siquiera tuvísteis la cortesía de enmendar ese “despiste” de becario primerizo; o de pedir disculpas: ¡me estoy planteando la conveniencia de solicitar la anexión de Cantabria a Guipuzcoa o a Gerona!… ¿Zaragoza?… ¡Mmm!

Segundo: Sugiero que el “Estado Español” inhabilite al inhabilitador del “Estat Catalá” que “blinda” a los cargos públicos suyos (pero que pagamos todos) este fin de semana: las horas o días que hagan falta. Así, su inhabilitasió quedaría inhabilitada… ¡Vaya, he llegado tarde!

POSTDATA: “A gigantic spectacle of pure hallucinatory craziness” (de The Guardian, acerca de “Blade Runner 2049”)

•septiembre 29, 2017 • Dejar un comentario

Pueden leer el artículo aquí: si saben, claro. Al Sr. Rajoy se lo tendrán que traducir… ¡Yo no me la perderé!: soy un admirador de la original desde que se estrenó; y, últimamente, también del Sr. Villeneuve. Asimismo, soy de los que se preguntan cómo el autor de “Alien” o de “Los duelistas” no alcanzó, ni de lejos, semejantes niveles en prácticamente ninguna de sus películas posteriores, indudablemente certeras en lo técnico y muy, muy profesionales. No obstante, me encantó la versión íntegra de “Legend”, las cosas como son: la que pudimos ver en su estreno algunos (me temo que lo disponible actualmente ha sido mutilado por el autor o la productora).

¿Se están enterando de algo?… Hablo de “supremacía”: una vez más, sí; de cómo la cultura anglo-sajona ha impregnado la cultura (más tarde reflexionaré sobre el muy oportuno título del artículo de Peter Bradshaw), la economía del mundo: la mente, en definitiva, de todos. Mi ventaja, como “colonizado”, es que desde mi posición observo algo más que la predominancia del Poderoso: también me enriquecen mis experiencias y mi bagaje intrínseco. En España, desde luego, tenemos para dar y tomar de estas delicias; pero se han denigrado tanto que ese bagaje -lleno de glorias, sombras y, en definitiva, de matices enriquecedores- nos parece avergonzar un poco a todos: los efectos, también, podríamos decir que han sido no sólo duraderos, sino permanentes; en un proceso diabólico, que ha parecido siempre retro-alimentarse. Sin inocencia, secularmente, lo han ido perpetrando y amplificando los “pérfidos felones” de Albión, sin duda, que se aplicaron a fondo en su papel de enemigos: hasta ahí, todo normal… Lo más pernicioso, lo más dañino y doloroso, sin embargo, no llegó de allende los mares del norte: desde hace algo más de un siglo, han contado con la inapreciable colaboración de los “nacionatas periféricos” que huelga mencionar. ¿Alguien tiene alguna duda al respecto?: ni los sajones, ni vascos o catalanes, las tienen en absoluto.

Veamos: a los sajones les encanta ver cómo las naciones que les pueden hacer sombra (o pudieron: este pasado duele), se desmembran: Punto 1.

A los sajones les encanta dar lecciones: lo cierto es que la Historia les ha dado la razón, aunque su prepotencia sólo es equiparable a su maldita suerte. Sea como sea, no considero a la “raza hispana” como eso que ellos simplifican y ridiculizan de forma grotesca: razón por la cual me hace hervir la sangre leer las listas de Premios Nóbel de Ciencias y cosas así… Imagino que saben por dónde voy (¡¡¿¿QUE NO HA HABIDO TIEMPO SUFICIENTE PARA HACERNOS VALER EN 40 AÑOS DE DEMOCRACIA??!!… ¡¡POR DIOS, QUÉ VERGÜENZA!!). Y esto ha sido el Punto 2.

Punto 3: a los sajones les encanta el “merchandising”, el alarde vistoso de una buena imagen corporativa… Mientras “Catalonia” creaba la suya (¡siendo tan españoles como el que más, ojo!; ¿eh, Pujol?), España renqueaba dispersa, como es habitual en ella, lastrada por los que se ceban y empeñan en su destrucción: corruptos cancerígenos, oligarquías cortas de vista, codiciosas y egoístas; políticos pusilánimes, incoherentes, inconstantes o incompetentes, si no corruptos, codiciosos y criados por la propia casta oligarca… Con este panorama, ¿es posible crear un buen producto y venderlo?… ¡Mientras exportábamos al mundo el “furbo”, la gastronomía “española” de los de siempre, la bendita paella, Benidorm y lo simplemente exótico, nos creíamos campeones de la “Marca España”!… ¡Patético!

Podría seguir añadiendo puntos, pero yo creo que no merece la pena: los lectores inteligentes me han entendido más que de sobra.

Lo cierto es que el Punto 4 podría ser uno nada original: la dignidad, el potencial y la identidad no acomplejada de una España coherente y expansiva ha estado siempre a expensas, lastrada, por el “negociado” periférico de los díscolos del extrarradio. Mientras tanto, la estepa mesetaria y los puertos secundarios hemos transigido, hemos tragado: es lo que hace el pobre debilitado por el peso de los hechos, ¿no es así?… A éste se le lleva décadas -más bien, siglos- asegurando que la riqueza de los ricos, su incremento geométrico y sin freno, nos acabará “contagiando”, por “goteo”, a los más desfavorecidos… ¿De qué me suena esto, multinacionales españolas, que tanto pecho sacan cuando hacen públicos sus beneficios?… ¿Me han bajado la cuenta de los servicios mínimos e ineludibles?; ¿los gastos domésticos más esenciales?… ¡¿Nos han bajado o eliminado los bancos las comisiones, ofrecido el pago de intereses A NUESTRO FAVOR, por NUESTRO dinero?!… ¿Nos han ofrecido empleos mejor pagados y en crecimiento las empresas privadas o públicas?… ¿Han compartido su “éxito” con la gente?: ¡quiá!

Podría decirse, por tanto, que estos lodos los han acumulado millones de toneladas de polvos muy, muy antiguos. Y, por cierto: con el orificio anal francamente dolorido e irritado a consecuencia de décadas de prebendas y de arrogancia del “oprimido”, se presta el asunto de los polvos a hacer algunos chistes preñados de escatología homo-erótica; pero voy a contenerme.

Más que de esta caterva neo-nazi (¡ellos sí, ojo!: muy chulis y todo lo que tú quieras, pero aún no han alcanzado a la épica germánica “original”… ¿o es que esos espectáculos de exaltación aria no eran fabulosos espectáculos?), de lo que debería estar encargándose MI gente, mis gobernantes, desde hace décadas, es de MIS problemas, que son muchos: ¡INFINITOS!… ¿Para cuándo YO, NOSOTROS, Mariano et al.?… ¡¡¿¿PARA CUÁNDO??!!… ¿Nos forzaréis a una revuelta, a este paso?… ¿A eso aspira una España con VOCACIÓN de perdedora?… ¡¡ME DAN PÁNICO LAS EVENTUALES RESPUESTAS!!

¿Os pongo un ejemplo de problema concreto?… Veréis: desde que los “pueblos elegidos” fueron consagrados como tales, aparte de sus prebendas “históricas” y “Konciertos” (¿De San Ovidio?: ¡pobre España ciega!), sus ciudadanos y ciudadanas han visto BLINDADA su función pública con sus respectivos idiomas vernáculos; al tiempo que invadían (al menos, nada se lo impedía) el resto de las ofertas públicas de trabajo del “estado español”. Para más inri, se les valoraba con “méritos” su titulación en eusquera, por ejemplo, en Punta Umbría.

Que la “igualdad” entre españoles es una falacia (tan arraigada como todas las mentiras repetidas millones de veces), es algo ya reiterado aquí, y en miles de foros: hasta la saciedad. Lamentablemente, además de la incompetencia y corrupción de los políticos de toda tendencia en España, ÉSTE, y no otro, ha sido -¡y aún lo ES!- el PRINCIPAL PROBLEMA de este desgraciado país: chuleado y en fase de despiece.

De ahí el tono “profético” del titular de Peter Bradshaw, de “The Guardian”: “A gigantic spectacle of pure hallucinatory craziness” (Un gigantesco espetáculo de pura locura y alucinación). Esto es lo que nos aguarda. ¡Estén atentos! (o en guardia… n).

P.S. de la postdata: “The Guardian” resultó ser, junto a “The Independent”, mi diario favorito en mi época británica. Su calidad y perspicacia no le vacuna del todo frente a los prejuicios y desprecio de lo “latino”, ni neutraliza su puro “anglismo”, me temo: igual que al escorpión nada le refrena de lanzar su aguijón, llegado el caso.

Carta a Cataluña (y II) / La lógica del supremacismo o la supremacía de la lógica

•septiembre 25, 2017 • Dejar un comentario

Estimada Cataluña:

Sé lo que significa “estimar” en vuestro idioma; y quiero que conste aquí que no me dirijo a vosotros con cinismo, ya que hay una parte vuestra que sí que amo, aunque la hayáis tenido muy descuidada últimamente. En todo caso, se trata de la parte que, de vosotros, puedo considerar como legítimamente mía; ya que yo he contribuído, como todos mis compatriotas leales y dignos, y como tantos de mis antepasados, a que sea lo que es: traté de comunicar esta idea, después de todo -tal vez de una manera algo zafia-, en mi anterior misiva. Pero entenderéis que esto es un hecho; y es uno clave, verdaderamente: de la historia común, desde luego; pero, sobre todo, lo es de la vuestra. Quizá esa arrogancia y altanería, de las que estáis ahora haciendo tanto alarde, no os permitan verlo con claridad.

Os escribo desde una parte mínima del solar que un día habitó un pueblo que le tocó las narices -y otras muchas partes pudendas- al más poderoso Imperio del Mundo Antiguo. Lo sabéis bien: nada menos que el Imperio Romano… Orgulloso, os escribo desde la nada infinita Cantabria de hogaño. Pero no pretendo insistir demasiado en ello, pues, siendo hijo de un andaluz (incluso considerado el hecho, nada despreciable, de que media andalucía la repoblaron miles de antepasados míos), no considero acaso muy razonable subrayar mi origen. ¡Por cierto!: millones de vosotros quizá deberías probar a plantearos esto mismo, ¿no creéis?

En realidad, soy consciente de que nada de esto que te digo, Cataluña, importa: ¡mis palabras no importan nada, por descontado!… Pero es que me refiero, en realidad, a TODAS las palabras. Y es que vosotros habéis tomado el histórico camino (o la “autopista”, que aún hay clases), henchidos por sublimes sentimientos, de la Acción más Noble y Pura: así, con Mayúscula… No sé si sois conscientes de lo que esto implica, a pesar de que tratáis de revestir, as usual -¡uy, ya se me escapó un “anglicismo”!: se me está contagiando ese internacionalismo reivindicativo vuestro tan reciente-, vuestra lucha (Euer Kampf!) con ese típico victimismo tan rentable en la vapuleada España Transitoria… A propósito: ya con una perspectiva realmente histórica, ¡me pregunto hacia qué!

Yo os lo digo: a OTRA declaración de guerra, hablemos claro.

Volvamos al pasado: a ese época de mi vida en la que, como en la de tantos, los alimentos, los coches, las medicinas, la ropa, el calzado, los cuadernos, los bolígrafos, los lápices, las gomas de borrar y los rotuladores; la electrónica, las lavadoras, el detergente, los cómics, los libros, los discos y la inmensa mayoría de los productos culturales nos los vendíais VOSOTROS. No sé si llamar a aquéllo “invasión económico-cultural”, pero se parecía bastante… Algo muy semejante a lo que aún se extiende por este malhadado presente, pero menos: ahora se han sumado a la Gran Fiesta Supremacista Hispana otros muchos pueblos, bien variopintos; ninguno lo bastante identificado con una esencia común que merezca la pena ser conservada, y no, muy al contrario, denigrada por sistema. Intuyo que, tal vez, guardéis el inveterado resentimiento de no haber podido exportar vuestra bella lengua -por alguna suerte de improbable imperativo legal absurdo- a tothom y a totadona a lo largo y ancho de un imperio que, lo lamento, nunca dominásteis ni fue del todo vuestro… ¡No, en el sentido “cultural” del término, entiéndase! (que la economía es otro cantar): ¡por lo que fuera, vaya!, que es que la Historia tiene estos caprichos, ya se sabe… Por ejemplo: los muy arrogantes ingleses impusieron su cultura y su idioma en las Islas Británicas, que bien podrían estar hablando ahora todos en gaélico por allí… ¡Pero no es así!… Sería un fascinante juego de ficción poder preguntar a Swift, a Wilde, a Yeats, a Beckett, a Joyce, a Kavanagh, a Furlong, a Heany o a Tóibín qué tal les fue, o les está yendo, con el “idioma imperial”… ¡Esto por no hablar de U2 o de tantos miles de compositores, cantantes, productores y técnicos de sonido irlandeses!: gran negocio.

Así pues: el inmenso mundo “Bruguera”, “Vibraciones”, “Ruta 66”, Jaime Gonzalo, Ignacio Juliá y Damián García Puig; EMI, Ariola, los programas producidos en Miramar o en San Cugat; “Planeta”, “Anagrama”, Marsillach, Dagoll Dagom, Els Comediants, La Fura… Por no hablar de Albéniz, Granados, Mompou, Casals, Vives, Caballé, De los Ángeles, Larrocha, Amaya (casada con un cántabro, por cierto; y enterrada en Cantabria), Savall, Rusiñol, Casas, Dalí, Miró, Tàpies, Gaudí, Doménech y Montaner (ambos arquitectos presentes en mi tierra), Cerdá (muerto en Cantabria), Pla, Laforet, Goytisolo, Marsé, Gil de Biedma, Rovira-Veleta, Aranda, Bigas Luna, Guerín, Bayona… Lo queráis o no aceptar, todo esto es tan mío como vuestro. Siquiera, me lo he ido ganando a plazos, al igual que mis padres y abuelos, antes que yo: me lo he ganado con cada cucharada de “Cola Cao”, con cada “Pulgarcito”, con cada álbum de Ibañez o con cada “Capitán Trueno”; con cada disco de Pink Floyd, de los Kinks o de los Rolling Stones; con el “seiscientos” de mis padres, con los jerseys “Pulligan” y con los calzoncillos del “Punto Blanco”. De todos modos, ¿existía alguna otra opción?…

Por eso digo que esa Arcadia Feliz -un poco bobalicona y “neo-hippy”, pero insolidaria, hostil; muy capaz y entusiasta en la inoculación de desprecio, ya que nos desprecia a mí y a TODOS- me está declarando la guerra… Veréis: a mí ya me da casi lo mismo… Tan decepcionado me tienen Cataluña como España (por distintos motivos, tanto la parte como el todo): no por ello las desahucio, ya que pretendo aportar algo bueno a esto, no hundirlo. Será que soy padre, y eso imprime carácter.

Fijaos: os digo que jugais con lo que más me importa; con el futuro, el bienestar y la dignidad de lo que más quiero. Ponéis en juego a nuestros hijos (el riesgo no es una fantasía: es tan real y tan palpable que aterra), quienes tanto os deberían importar también a vosotros, pueblo solidario donde los haya. ¿O no sois así?… ¡Tanto, al menos, como con los que os invaden y asesinan! (y no se trata de ninguna hipérbole o metáfora).

En definitiva, resulta patética esta grandiosa comedia de victimismo populista, en la que, me temo, ni siquiera sois ya ni vanguardia ni maestros (¿verdad, Urcullo?; ¿verdad, Otegui?). Como os dije, vivo en Cantabria, tierra que se enfrentó a un poder inmenso, eficacísimo y nada democrático (¡por descontado!). Y feneció: hace dos mil años… Me temo que lo vuestro, dueños de una fracción considerable de mi pasado, de parte de nuestros presentes, así como de tanto futuro que nos concierne, no es tan heróico, ni epopéyico o titánico como lo queréis vender al mundo… Que os apoyará, por cierto -¡si es que lo hace!-, porque una parte significativa del mismo nos prefiere divididos y, por tanto, débiles: vosotros, que sois tan listos y cultos, parece mentira que nos os deis cuenta de algo tan obvio.

Estáis, así pues, entre la lógica del supremacismo -el más abyecto y racista- y la supremacía de la lógica. Algo me dice que ya estáis determinados a insistir en una de estas dos opciones: ¿cueste lo que cueste?… ¡Fuego!

Carta a Cataluña (I)

•septiembre 24, 2017 • Dejar un comentario

Estimada Cataluña:

Te visité por vez primera en los años 80: Barcelona, apenas un fin de semana. Yo tenía 18 años y me hospedé, junto a mi primo “charnego”, ciudadano de vuestra “colonia” del sur, en una pensión barata cercana a la Plaza de Cataluña. Resultó ser un establecimiento con extraños movimientos nocturnos y mujeres jóvenes y llamativas por los pasillos, acompañadas por pintorescos individuos. Semejante alarde de “mundanía” -sórdida, pero capitalina- no dejó de inquietar a aquellos tiernos provincianos, no lo bastante ignorantes como para interpretar de forma errónea los indicios que mostraba el lupanar… ¡perdón, el hostal!

La primera impresión, que tanto importa, era la de una España en estado puro: una sublimación de lo que se entendía -y, me temo, aún se entiende- por la “innombrable”: ¡en esencia, tal cual!… Después de todo, se trataba de España, mal que la pesara. Pero, ¿sabes qué?, quizá te sorprenda: a todos nos pesa su nombre; o nos ha pesado alguna vez… No pocas de la veces, los causantes de la excesiva carga habéis sido vosotros, los supremacistas nacionatas de gloriosos pueblos sin nación ni destino: cargantes, pues, aunque os creáis tan ligeros, tan favorables a todos, menos a vosotros mismos: ¡pobres!… Pero mi prejucio, te advierto, era más bien a vuestro favor: el trato con la gente -la vuestra, la mía- me lo confirmó entonces.

Ese cierto recelo estaba ahí: no obstante y de entrada; más “contagiado” que mío; más vestigio que certeza: hasta cierto punto, justificado, ya que a los humildes que nunca fueron otra cosa que esto (humildes), se les atraganta la superioridad innata de las castas y los pueblos elegidos: ya sea aquélla por herencia natural o de privilegio; consistente o vana. Con todo, sostengo que esa superioridad se puede fomentar y ganar en buena lid; y aportar al bien común, con ella, una suerte de contrapeso a la peste de la vulgaridad, a la epidemia de la incultura y a la osadía de la arrogancia… Por mucho tiempo pareciste estar orgullosa de gobernar el timón de esa responsabilidad en el país: el nuestro, el tuyo, del que ahora reniegas. No pocos nos sentíamos tan partícipes de eso como cualquiera de los descerebrados que se han hecho tatuar estos días una estelada en la frente, y se arrogan hoy -¡excluyéndonos!- la vanguardia social, la supremacía: ahora ellos fomentan y se ganan la peste, la epidemia y la osadía más vulgares, más incultas y más arrogantes: antítesis de todo con lo que Cataluña se ganó el respeto nuestro, y que ahora nos vomita encima.

¿Habréis perdido algo por este largo camino, me temo?: no más, os advierto, que la gran mayoría del resto… Y casi todo se ha ido perdiendo por vuestra propia dejadez, por vuestra incoherencia, vuestra deshonestidad y vuestro desprecio… Que, por mucho que os pese, nos lo habéis arrojado contra el viento: sois el reflejo grotesco, sobre un espejo deformado, de nosotros mismos. ¡Ilusos, pobres!

Así pues: vuelvo a recordar esa primera estampa de Barcelona, de pura carpetovetonia, lúbrica y subrepticia: ¡España!… Que conste.

Otro día, más.

Atentamente