ESTÁ LLEGANDO LA HORA

•agosto 19, 2017 • Dejar un comentario

Es cierto que todas las generaciones, que todos los humanos (y las humanas, no creáis que me olvido de vosotras) han padecido sus cruces. Y cuando vemos fotos y películas, de ficción o históricas; o leemos libros sobre las atrocidades pasadas, nos horrorizamos y estremecemos, al tiempo que intuimos las presentes y las futuras… Al menos, los más elementales conocedores de la Historia y de la naturaleza humana (¡aquí el “género” no se ha de cambiar o “redundar”!), somos capaces de reconocer y proyectar, más allá de eso que tantos ya consideran “superado”, un dolor que se siente tan descorazonador como inevitable.

Lo habré escrito ya: hay una coletilla pueril que me revienta, muy especialmente. Se trata de ésa que escuchamos y leemos, en los últimos años, hasta el mero límite de la nausea: “¡A estas alturas del siglo XXI!”… Me temo, queridos biempensantes, que esa bobada no tiene ningún sentido: sólo es una prueba más de vuestra ingenuidad y de vuestra imprudencia. No todos sois estúpidos, por supuestos, pero entre vosotros abundan los sagaces creyentes en una tesis insostenible: la ética, el conocimiento, la ciencia y la naturaleza avanzan a la par… Y esto, a pesar de que ya todos sabemos que se han necesitado MILLONES DE AÑOS para que, simplemente, evolucionasen unas pocas manadas de vulnerables simios hasta el actual Supremo Culmen de la Creación (aclaración: la mayoría parece de acuerdo en que se trataría dicho culmen, en todo caso, de la especie humana). Los más bobos entre los estúpidos creen, incluso, en una especie de tránsito “transfigurativo” de la Humanidad entera, universal e irreversible (!), hacia un estado de mirífica beatitud… Lo cierto es que, a su manera, los que os degollarían sin pestañear, también creen en ese “paraíso”… ¡Y Hitler creyó en ello!, por si no caíais: lo llamó “Tercer Reich”, el de los mil años.

Os concedo a los biempensantes que consideráis innecesario aniquilar a media Humanidad para llegar a tan alto estado de consciencia y de perfección espiritual y material. Lo malo es que una buena parte de esa otra mitad no parece estar muy convencida. ¿No os parece?

Leo, desolado, los artículos de opinión de los diarios españoles de mayor tirada (¡bueno, me refiero a “El País”!: ese catálogo de publirreportajes vasco-catalán); escucho comentarios en varios canales de televisión españoles (o, de nuevo, vasco-catalanes), y hasta en la BBC… Sólo parecen recetarnos resignación e incertidumbre para varias generaciones de desgraciados europeos. Se diría que lo que ha costado cientos de millones de masacrados, mutilados, torturados y deportados; siglos de guerras y salvajadas: Occidente, Europa, se conforma con inmolarse (¿de nuevo?) en un cadalso infinito o en una pira inmensa, construida con las piezas combustibles, trascendentes e irrenunciables, de sus derechos y contradicciones suicidas.

¿Ha de ser TODO nuestro modo de vida irrenunciable, cuando supone una excesiva parte de sus rasgos y cualidades, un reclamo evidente (¡y en gloriosas luces de neón!) para los que están dispuestos a aniquilarnos?… ¿Se trata del viejo -y un tanto simplista- debate entre “libertad” y “seguridad”?… ¿Hace falta convencer a alguien de que a los arruinados, humillados, muertos o mutilados de poco les sirve la libertad?… ¿Es necesario -me temo que voy a redactar una pregunta estúpida- atraer y subvencionar (!!) a miles o cientos de miles que no son, legal o cabalmente, reclamados ni necesitados por sociedades en crisis y en declive “auto-inducido”?… ¿Qué o quién nos hizo creer que ellos pueden ser, indiscutiblemente, una parte de algún tipo de solución?… ¿De QUÉ solución?… ¿Por qué nadie parece interesado en hablar de los muy patentes, notorios y gravísimos problemas que todos vemos o intuimos?… ¿A quién o qué le interesa enterrar -y hasta satanizar- este imperioso e ineludible debate?

Porque, como ya he escrito antes, los derechos “universales” o, más bien (su teoría es muy encomiable y hermosa; pero ya vemos lo que supone su puesta en práctica), la “universalización de los derechos” (tal como los entendemos los muy etnocentristas y arrogantes europeos, claro está), aplicados de forma indiscriminada y compulsiva, hace aguas por todos lados: la asimetría necesaria entre los que los creamos, los proponemos y tratamos de respetar, por un lado, y aquéllos para quienes sólo son cortapisas intolerables, absurdas, pero de cuya fuerza se sirven para derribarnos… ¿no nos estaría forzando a replantear su aplicación, siquiera por ceder a un simple, innato y legítimo instinto de supervivencia?… ¿Qué enfermedad mental o espiritual nos está aquejando a una cultura milenaria, orgullosa, digna, emprendedora y lógica, que tánto ha aportado a la Humanidad entera?… ¿Es razonable contemplar la sangría a la que nos sometemos, en virtud de ciertas abstraciones sacrosantas que nos vinculan y atan a un absurdo proceso de genocidio o hecatombe auto-infligido?… ¿Permaneceremos SIEMPRE impasibles, hasta la extinción definitiva, ahogados en retórica delirante y hueca?… ¿Qué dilema, en esencia, nos queda, más que un imperativo “o ellos o nosotros”?… ¿Reaccionaremos, TODOS y UNIDOS, acaso cuando ya sea demasiado tarde?… ¿Ha llegado la hora de lanzar mensajes claros y contundentes a quienes nos agreden y desprecian?… ¿Nos servirá de algo la “bondad” frente a quien nos odia y considera escoria o alimañas?… ¿Nos podemos permitir el lujo de ser hiper-garantistas e hiper-tolerantes con todos ellos?

Son preguntas duras y, posiblemente, inquietantes, sí. ¿Necesarias?: no me cabe la menor duda. Así pues: ¡¿sumisión?!… ¡¿Resignación?!… ¿¡Rezos, minutos de silencio y ositos de peluche!?… Me temo que sólo existe una respuesta sensata. Está llegando la hora.

HASTÍO, INDIGNACIÓN… ¿CULPA? / Vacuna contra el “turismo masivo” de comprobada eficacia

•agosto 17, 2017 • Dejar un comentario

Escribo esto sin demasiado entusiasmo. Escucho música: ahora mismo, obras menores de cámara del gran Ludwig Van; antes, R.E.M., Telemann… Trasiego archivos de disco en disco de seguridad, al tiempo que trato de paliar el caos redundante y enloquecedor de millones de textos, imágenes, vídeos… Me temo que en vano… Afuera, un país indiferente escucha, de nuevo, las noticias: se van acercando las hienas, pero aún parecemos darnos por no aludidos… Leo en la página del diario británico “The Guardian” de hoy que la O.N.U. considera a España incapaz de afrontar el reto de la invasión que nos llega desde el mar. No mencionan las que llegan por tierra o aire, pero no tienen pinta, tampoco, de ser imparables…

Se me ocurre enredar entre textos inconclusos y borradores olvidados: encuentro esto…

“Prometida: la tierra. Alguien se ha tomado la libertad de prometerle mi poco futuro a alguien; mi tierra, que se la han comprometido a infinidad de aspirantes, pero nunca del todo a los que, al parecer, deberíamos sentirnos culpables por vivir en ella… Y mientras cientos de miles de los míos se marchan (algunos de los mejores, formados y preparados con una parte de mis renuncias), otros vienen en pos de una promesa que alguien, o algo, les ha concedido sin pedir NADA a cambio. Al parecer, llegan respaldados por una coartada llamada “derechos humanos”, en virtud de los cuales exigen para ellos lo mismo que yo deseo para mí y los míos, en un país de “habas contadas” y endeudado hasta las trancas; se conoce que alguien les ha dicho que tienen derecho a eso mismo que yo apenas alcanzo, nunca seguro del todo; en mi propia tierra: callado y agradecido por ser un “privilegiado”, en régimen de interinidad perpetua… Y llego a la conclusión de que, en este mundo con tantos “derechos” al alcance de todo el que se antoje ejercerlos (o de adueñarse de ellos), mi Estado, mi “ciudadanía”, no vale nada ni tiene sentido; que yo ya no debería atender a los “deberes” de un pacto o contrato social que sólo parece funcionar para exigirme lealtad y resignación; para pedirme civismo, sumisión, paciencia y dinero: lo poco que me sobra, y mientras lo tenga. A cambio, no se me garantizan ni empleo, ni vivienda, ni seguridad, ni libertad, ni excesivas certezas jurídicas, ni un trato idéntico al que otros reciben de forma privilegiada, ni estabilidad, ni dignidad ni un futuro en paz… ¡Pero calla!

Me pregunto si la trampa de la “culpa” puede funcionar con alguien que nunca se sintió seguro ni dignificado, a pesar de ser cívico y prudente; de formarse y de trabajar con eficacia y honestidad, cuando le dieron la oportunidad de hacerlo. Me pregunto si la trampa de la “culpa”  por el desastre en tantos países, desangrados por violencias y corrupciones endémicas, la tengo que asumir yo en mis sacrificios, precariedades y carencias; en la renuncia a un futuro prometedor para mis hijos o para mí mismo… mientras otros adquieren casi lo mismo (insuficiente o incierto para mí; una bendición para el que no tiene nada) con tan solo hacer acto de presencia y decir… “¡Eh, soy humano y he llegado aquí! ¡Exijo mi parte!”.

Puede que otros sean los ladrones; grandes, escasos y traidores de todo lo Humano: ladrones de cosas, de privilegios y de esperanzas… Pero nos condenan ellos a enfrentarnos, astutamente, a ésos que los grandes ladrones ya calcularon que acabarán siendo sus más solícitos y dóciles esclavos (a éstos desheredados les favorece un juego en el que sólo les queda ganar, pues nada tienen que perder). No, no interesa esta culta y acomodada clase media europea, mayoritariamente blanca: es mucho mejor empujarles a la violencia y la desesperación, ya que, una vez convertidos de nuevo en bestias, quedará justificada su aniquilación de un modo más eficaz y rápido. Si ése es el “plan maestro” y oculto del régimen “comunista” chino; el de las grandes “Corporaciones” transnacionales; el de los “masones” o el de los miembros de todos los “Clubes Bilderberg”; el de los malditos fanáticos resentidos de toda ralea, con el mismo Dios de su parte; el de los especuladores de todas las razas; ¡el del mismo Diablo!… Si es ésa su venganza, perfecta y definitiva, contra los que los humillaron (“sojuzgándolos” desde la “opulenta” Europa; o imponiendo, a la inversa, nuestra dignidad y bienestar sobre su soberbia de esclavistas privilegiados), hace ya tiempo, entonces debemos felicitarlos, porque somos nosotros mismos los que nos colocamos la soga al cuello, nos subimos a la banqueta y la golpeamos: ¡transidos por la culpa, oh!… ¡Ciegos y estúpidos corderos!

Se nos aplasta desde arriba y desde abajo: la dignidad del “estado social” (la culminación de la justicia más asequible) se ha desprestigiado por una nueva “ética” basada en la… (Aquí concluía).”… ¿En la estupidez más cobarde y sumisa?…

Lo sé: reaccionario, xenófobo, intolerante, derrotista… ¡LO PEOR!… ¡Un monstruo!… ¿Conocemos, me pregunto, qué o quiénes son nuestros VERDADEROS ENEMIGOS?… Lo ocurrido hoy en una tierra que, reciéntemente, no se ha ganado demasiadas simpatías en la mayor parte de España (si bien es claro que un buen número de las víctimas que se van a contabilizar ni siquiera serán españolas), sólo me sorprende por un par de circunstancias: ME SORPRENDE QUE NO OCURRIERA ANTES; ME SORPRENDE QUE NO HAYA OCURRIDO YA MÁS VECES… ¿Negar las evidencias nos libra de ellas?… Me hastían las preguntas retóricas.

Que no se me acuse de crueldad (¿no han convertido, acaso, tantos “oprimidos” y “agraviados”, la crueldad y el desprecio a nosotros en la razón última de su propia existencia?), pero han obtenido hoy -aterrados, mas con un mohín de fingida sorpresa- la solución a sus desvelos reivindicativos más recientes: entraron a formar parte ya del “selecto club” de las ciudades invadidas, sitiadas, amenazadas y mártires… No sé si rechazarán la presencia de las fuerzas invasoras y represivas de la Guardia Civil, de la Inteligencia del Ejército o de la Policia Nacional en su Sagrado Solar, dadas la circunstancias, pero mucho me temo que no será así… Tal vez prefieran algunos, esto sí, a los talibanes por las Ramblas; o a otras aguerridas milicias, formadas por los muy concienciados jóvenes “de origen” marroquí y/o paquistaní del ISIS-Catalá, que con tanto denuedo se esfuerzan por aprender a bailar la sardana o a conocer las obras completas de Verdaguer, al tiempo que añaden a sus dietas las ricas recetas catalanas elaboradas con carnes del más maldito y sucio de los animales… ¡Pues todo el mundo sabe en Europa que TODOS ellos han llegado aquí para respetar nuestras costumbres y cultura, de tanto que las admiran…! Es triste este sarcasmo, que ya se me hiela en la cara, con espanto y asco… ¡Pero qué nos dejan, qué esperanza!

¡Aguardemos, pues, el siguiente golpe, santos mártires!: perdida la tierra, ganado el Cielo… ¡Lástima que a los descreídos no nos espere nada tras la renuncia, tras la derrota, lástima!

La “koartada” del turismo masivo (¡España nos roba!)

•agosto 7, 2017 • Dejar un comentario

Probablemente ya lo he mencionado antes: el que esto suscribe ha vivido durante largos periodos en Bilbao y en Belfast, capital de Irlanda del Norte. Antes de que la pazzzzz lo inundase todo, ¡ojo!… Mucho antes… Por supuesto, no han sido ambas experiencias comparables a la de vivir en Bagdad últimamente; o en Kabul, la actual franja de Gaza o el Beirut de los 80; ni siquiera se podría comparar al Derry de los 70 o a la muy díscola Rentería, no… No obstante, cuando se habla de convivir con la violencia de manera cotidiana, algo entiendo de ello: he visto, con absoluta nitidez e indefensión, cómo se ejercía la coacción “asamblearia” en un centro de estudios oficial y estatal; y la he escuchado estallar, numerosas veces, en Irlanda del Norte. A veces, bastante cerca. Patrullas de soldados en las calles, el “helicóptero de guardia”, muros kilométricos seriamente infranqueables (no como los de las fronteras españolas, ya me entienden), destrozos tremendos, reiterados, represalias diarias y decenas de muertos (si no fueron centenares).

A uno se le van acumulando, por tanto, los años y las experiencias. Los inconvenientes de ello, pasados ya del medio siglo sobre este vapuleado planeta, se convierten en numerosos y considerables: poco a poco, uno va formando su propia “colección” de taras y achaques. La parte favorable de sentirse tan lastrado por el propio cuerpo es que la mente acumula alguna suerte de sabiduría. Puede que no sea otra cosa -¿una vana ilusión?- que un ejercicio de descarte y arrumbe de trasterío mental y/o espiritual, con el muy conveniente efecto clarificador que la prescindencia nos aporta. Hay quien confunde todo ello con la serenidad o la lucidez… ¡O puede que no se confundan en absoluto!

Sea como sea, recordaba aquellos años en tan aguerridas tierras (debo aclarar que sólo admitiré que pude vivir en medio de una especie de “estado de guerra” en Irlanda del Norte: lo del País Vasco ha sido -y, en cierto modo, aún lo es- pura coacción y terrorismo), ya que observo la continuación de todo aquello, de la MISMA ESTRATEGIA, bien enseñada, ensayada y aprendida, en la actual Cataluña.

Que España se muestra hoy en día más cobarde, dubitativa, cesante y patética que nunca, es un hecho. Podríamos discutir si es un efecto o una causa; pero lo que no se puede negar es la evidencia. Ni tampoco las consecuencias, amplificadas y muy bien rentabilizadas, que “los de siempre” acometen con heróico empeño.

Tampoco se podría negar que llevamos décadas de un muy bien planificado adoctrinamiento y fulminación de los mínimos elementos comunes en las “nacionalidades históricas”, ante el que sólo se ha hecho la vista gorda. Con las armas civiles entregadas, cedidas sin condiciones al enemigo, dedicado éste, sin recato ni descanso, a un simplista pero eficaz ataque: básicamente, consistente en una sóla idea central: lo que es pernicioso para España -ya sea ésta expresada en su propia realidad, sin duda existente, o como una mera idea falseada y ridícula de la misma-, es favorable para las auténticas y sojuzgadas naciones de esta península… Como decía: claudicada España, tras el socavamiento sistemático -corroborado desde numerosísimos frentes internos y externos- de lo que ya acumula un mínimo de 500 años de Historia, a los oportunistas “oprimidos” sólo les queda completar la “faena”; pues aunque renieguen de su naturaleza y esencia, son perfectos conocedores de los ritos y suertes del sacrificio: ellos, mejor que nadie, dominan la eficacia del ejercicio de la violencia y la rentabilidad de la amenaza y la extorsión.

Es ya célebre la infame filosofía “arzallusina” del árbol de las nueces. La poética no nos ha concedido el sublime regalo de que los robles produzcan nueces, lo cual es lamentable, ¡ya que nada habría sido más oportuno!… Tras siglos y siglos de relegación de estos pobres pueblos periféricos, lo cierto es que, a pesar del empeño puesto por el centralismo más carpetovetónico y rancio (¡atención, redundancia!: España y rancio), ellos han conseguido cortar su bacalao y el nuestro; mantener su prístina identidad, que es un poco la nuestra, por mucho que se empeñen en lo contrario; han conseguido, en definitiva, pertenecer a un “club” que ELLOS han moldeado a su conveniencia por siglos, las más de las veces… Se enfrentan ahora a la dramática contradicción de que su insistencia en la crisis de esta idea (lo rancio, corrupto y carpetovetónico de ella, claro está) les arrastara indefectiblemente a ellos también a un hoyo, como no podía ser de otra forma… Por tanto: ¿Sálvese quien pueda?…

Yo no sé a ustedes, pero que las corrientes “aberchaloides” vienen infiltrándose a lo largo y ancho de todos los territorios y/o pueblos que se han dejado querer (unos más que otros, por supuesto), desde hace décadas, a mí me parece una obviedad. Un detalle MUY significativo ha sido su incidencia en el lenguaje más o menos popular, o populoide: el uso de la “k”, por ejemplo. Ya que en el lenguaje y su uso nada es del todo inocente, como muy bien saben las feministas más radicales… ¿O, tal vez, debiera escribir “radikales”?… ¡En fin!: creo que saben a dónde pretendo ir a parar. En definitiva, debe decirse que la ideología “borroca” está ya implantada, y a pleno rendimiento, en la muy civilizada y pacífica Catalunya, tierra de intelectuales, artistas, hombres de negocios (¡y mujeres, Dios me libre olvidarlo!), comerciantes, constructores e ingenieros, así como de gente sensata, podríamos decir, de manera general.

Por lo que se ve, sus cachorros más políticamente concienciados, ya sean de los Espriu o de los Martínez; del Ampurdá más acendrado o meros charnegos con ínfulas de Jacinto Verdaguer o de Paco Macià, han aprendido una sencilla y palmaria lección: al agitar los árboles, las deliciosas nueces caen al suelo… La muy lucrativa y fecunda “política de consenso y pactos”, entre los minoritarios y los claudicantes mayoritarios (un mundo al revés, que hace de los creados por Lewis Carroll o Franz Kafka dechados de sentido común), es muy, muy rentable. Lo cierto es que yo mismo me atrevería a animar a la juventud de mi tierra a poner en práctica tan sencilla, pero estimulante y fogosa, estrategia… ¡Eso suponiendo que los que la han implantado como un “medio de vida” eficacísimo, PARA ELLOS, no nos la terminasen reprochando, censurando y hasta coartando ellos mismos!, todavía hay clases…

Lo del turismo y eso… Verán: hasta yo podría estar de acuerdo en que un modelo económico basado, casi exclusivamente, en un turismo masivo y decadente es un asco, una pena, una vergüenza… Lo es por razones que yo considero obvias: porque el modelo de economía con el que, todos los que tenemos dos dedos de frente, hemos soñado -¡en vano!- debería haberse basado en la ciencia, en la tecnología, en las grandes universidades y empresas, en la excelencia, en la aspiración a la dignidad de y para todos. En definitiva, en la gestión eficaz, enriquecedora, honesta y sacrificada de todo un país embarcado en un proyecto común. ¡Y que nadie se lo tome a la tremenda, en plan “volverán banderas victoriosas”!, no… Éste ha sido el problema esencial de España: que no se ha tolerado ni entendido NUNCA ni a sí misma. ¿Cómo conseguirlo?… ¿No será ya demasiado tarde, semejante hazaña?

Y termino: estos “paladines de las esencias ciudadanas catalanas” son un grupo más dentro de la infraestrutura socio-política de “Einsatzgruppen”, implantada desde la actual Generalidad, que han jurado fidelidad ciega a la República Catalana en la labor de demolición de un club al que ya no quieren pertenecer, ya que ellos mismos lo han depauperado y deteriorado hasta extremos que parecen casi intolerables (o esa idea pretender transmitir, seguramente exagerándola de forma grotesca). Por lo tanto, sostengo que su forma de actuar se ciñe al muy simple principio fundamental, antes expresado en la frase: “Lo que es malo para España, es bueno para sus nacionalidades”. 

Lo que ocurre en las calles catalanas hoy en día (¡y vayan preparándose para que sus efectos crezcan de modo exponencial!; no sólo en Cataluña, por descontado) responde a una estrategia, a una ofensiva y a un esquema de hostilidades de carácter generalizado. Lo del turismo es, tan solo, una excelente coartada o excusa para ellos. ¡Al tiempo!… Contemplen, además, el muy previsible y lamentable espectáculo que ofrecerá la gran mayoría de la clase política nacional (si es que queda algo de esa vituperada nación llamada España, a estas alturas), de ahora en adelante.

¿Por qué escribo?

•agosto 7, 2017 • Dejar un comentario

Pregunta sencilla. No sé si la respuesta lo será tanto… Lo cierto es que, para empezar, es una evidencia que desconozco -incluso- la entidad legal definitiva de lo que aquí se vierte. ¿Entrego al “éter” mis palabras y reflexiones -en realidad, a una empresa transnacional llamada “WordPress”- desde el mismo instante en que pulso el “enter”, y consiento, entonces, en publicar en este medio lo que, valioso u horrendo, es de mi autoría?… No negaré que es una cuestión que me inquieta. No hasta el punto de hacerme perder el sueño, pero entiendo que el buen tino y la trascendencia de algunas obras se alcanza, a veces, por acumulación y antigüedad.

Por tanto: ¿debo reservarme lo que me surge en ocasiones -valioso u horrendo- para asegurarme de que habrá de ser “publicado” algún día, a su debido tiempo, bajo mi total control y copyright?… ¿Qué interés podrá tener todo ello en ese hipotético contexto cronológico futuro, si es que lo tuviera en absoluto?… La “validez” de algunas de las ideas u ocurrencias que se han venido mostrando en esto radica en su inmediatez, me temo. Digamos que es una especie de “periodismo de opinión” barato y de amplio alcance: ¡siquiera en un sentido “potencial” del concepto de amplitud!

De lo dicho se derivan los otros criterios a tener en cuenta: trascendencia u oportunidad de lo redactado y expuesto, por un lado (interés, en definitiva); y extension y alcance de lo susodicho… Podría continuar mis reflexiones con una constatación: que doy por descontado que a pocos les interesa. Estoy seguro, además, de ser capaz de generar acendradas antipatías, agrias inquinas; o, en el peor de los casos, desoladoras indiferencias. Que sean éstas justificadas y comprensibles, o arrogantes y de una visceralidad de la que soy indigno destinatario (la visceralidad es una cosa muy genuina, muy privada, y no sé yo si me merezco tanto empeño), afecta a un debate que yo no debo protagonizar… Entre otras cosas, porque no podría garantizar yo mismo abstenerme de opinar con algún vestigio, siquiera, de acendrada antipatía, agria inquina o franca indiferencia.

Sólo me queda concluir que escribo por alguna suerte de necesidad o de imperativo ético. Y sobre todo, tal vez, por cariño y consideración a los pocos que me leen o leerán alguna vez. Por vosotros va, y poco más queda por decir aquí.

Cantabria no existe ya ni en los “magacines” (léase “El País”… ¡O mejor!: no lo lean)

•agosto 1, 2017 • Dejar un comentario

Día 23 de junio, Santander. Sábado, si no recuerdo mal. “Telediario”, Televisión “Española”… En la portada de las tres de la tarde se menciona 5 segundos la presencia de los Reyes en la inauguración del Centro de Arte “Botín”… No sé ustedes, pero yo he crecido en un mundo en el que siempre se ha emplazado en las portadas de los medios de comunicación los temas prioritarios del día. Y tanto la presencia de Sus Majestades, como la entidad del propio edificio de Renzo Piano -por descontada, la trascendencia, para la ciudad de Santander, de la muy renovada Fundación, materializada en metal y cerámica-, parecían sobrados motivos para cubrir DEBIDAMENTE y subrayar, con los medios y los dineros de TODOS los españoles (incluidos, claro, el de los cántabros), dicha trascendencia…

Veamos: tras ¡47 minutos de espera!, en plena siesta y ronquido, nuestro principal medio de “comunicación” audiovisual nacional se dignó, por fin, hacer alusión, deprisa y corriendo (la “crónica” debió durar 30 segundos), a los actos ya aludidos: con unos pocos planos generales, en un día de verano “típico” de aquí (¡corramos un tupido velo!), apenas vislumbrados los protagonistas y el edificio, en un pis-pas, TVE resolvía la faena.

Por supuesto, la prioridad imperiosa de ver a turistas o gentes locales de todo jaez asegurando que el calor excesivo los empujaba a las playas a sudar, ¡hay que ver cómo es el verano de sorprendente!, aparte del ya habitual alarde rutinario a base de todo tipo de “publirreportajes”, grabados y editados a lo largo y ancho de las regiones, provincias y ciudades DE SIEMPRE (¡a sangre y fuego ha quedado grabado en las meninges de todos, durante años ya, que no está bien decir GGGGGGGGERONA!); más las secciones fijas de “Violencia de género”, “El Caso News”, “Catalonia is not Spain”, “Golpes de calor”, algo sobre Trump o Corea del Norte (supongo), la Feria del Pintxo de las Siete Kalles, “Yirona es Yirona”, “Hay turistas en Yirona” o “Barselona también existe”… ¡Todo ello, pues, no dejaba tiempo para hablar de lo de estos rancios de Santander!… Además, la sección “¡Fútbol, fútbol, fútbol!” se abría paso, impaciente.

Acabo de ver en “El País” -otrora, un medio de COMUNICACIÓN Y OPINIÓN ilustre, fascinante; interesante, como mínimo- uno de los mil “publirreportajes” (el género de moda), facilones y mal escritos, que atiborran desde hace ya un tiempo las páginas, en papel o electrónicas, de este “magacín”. Que “El Komidista” olvide, de forma casi sistemática, a Cantabria en sus crónicas (curiosamente, nunca se le pasan por alto los mejores helados, los mejores pintxos de tortilla, los mejores daikiris, los mejores arroces melosos, las mejores hogazas, las mejores piruletas, los mejores cocidos o hasta los mejores sobaos, que, curiosamente, SIEMPRE proceden de “adivinenustedesquéregiones”: por lo general, de aquellas con más lectores potenciales, supongo; pero me pregunto si pretenden así ganarse a los de aquí o a los de Soria, es un poner), ya ni me sorprende… Digamos que ni me tomo tampoco la molestia de leerlo.

Pero verán: “30 Paisajes españoles alucinantes”, rimbombante y vulgar título donde los haya… “Publirreportaje” del 26 de julio pasado… ¡Nunca lo adivinarían, queridos invisibles y ninguneados! Claro está que asumimos, todos los cántabros, la palmaria desgracia de vivir en una región anodina y sin atractivos naturales, ¡qué le vamos a hacer!… No obvian en el “magacín” de referencia del “estado español” las costas de GUIPUZCOA; o los remotos montes de VIZCAYA; o las frondas de Navarra; o los tapices verdes, costas, picos y valles del futuro Estado Asociado de los Paisus Catalans, por descontado.

Cantabria ya no es ni una entidad regional, para ningún medio nacional o local: Cantabria está a la altura de la última provincia medio-deshabitada de la más acallada entre las más infravaloradas tierras de la “España profunda”; si es que aún tiene sentido hablar de un concepto siquiera remotamente hispano… Los medios son una expresión visual y sonora de lo que aquí pasa y se piensa; de lo que se ha decidido que ha de trascender y debe potenciarse: no formamos parte del “negocio”. No sé si es un ejercicio de puro poder, control y manipulación de rebaños de gentes cobardes o compradas; o si se trata, tan solo, de una optimización de los escasos recursos que van quedando, en beneficio de los que han controlado y aún siguen controlando el cotarro… Puede que sea una mezcla de ambas cosas. Mientras tanto, esto languidece en un infinito proceso de retroalimentación que tiende a LA MERA NADA.

No entro -o no lo hago, de momento- en un posible análisis de la responsabilidad que los propios cántabros (aquí incluyo a los MUCHOS que huyeron de aquí: obligados o de forma voluntaria) ostentamos ante tan penoso y gris panorama: me temo que nos toca una parte significativa de dicha responsabilidad… ¡Siquiera por cobardía u omisión!

A propósito: el pasado día 23 de julio, Don Manuel Ángel Castañeda publicaba en “El Correo Español, El Pueblo Vasco”… ¡Perdón!: en el “Diario Montañés”, un artículo titulado “Cantabria en la España plurinacional”. En dicho artículo, Don Manuel expone, de manera muy correcta, una cantidad considerable de obviedades. A continuación, procede a enumerar una lista muy larga de preguntas retóricas.

Está bien hacer patentes las obviedades; los hechos y los agravios demoledores que nos atosigan, nos aislan, nos difuminan y nos empobrecen. Pero se echan en falta, en Cantabria, a los verdaderos hombres y mujeres de acción; personas que nos avalen y nos defiendan -con uñas y dientes; convencidos y allá donde sea preciso- ante el abuso, la desidia y la condena a la intrascendencia. Estamos hartos de promesas, de proyectos fallidos, de medios de transporte e inversiones que, si llegan, lo hacen con décadas de retraso -¡y casi siempre en precario!-, de ruinas inminentes eternamente pospuestas (¿ruinas “en diferido”?); hartos de vivir sin el brillo de la esperanza… ¡Estamos hartos de “infografías”!

No sé si viviré para ver un cambio de tendencia. Al menos, he dicho lo que pienso. Y por escrito queda.

 

CRUELDAD, AFRENTA, CODICIA Y ENVIDIA / ARBITRARIEDAD Y SUPERVIVENCIA

•julio 24, 2017 • Dejar un comentario

“Car se dirige al trabajo, apenas a unos metros de su destino. A lo lejos, ve a Jess, que deambula junto a la puerta de acceso a la finca, al tiempo que conversa con alguien por teléfono (Jess es una persona con un trabajo de gran responsabilidad, y pasa horas en reuniones o pegado al aparato). Jess ve a Car. Jess gesticula sutilmente un amago de respingo, a modo de saludo, y termina su llamada, justo a tiempo de poder entablar una breve conversación con Car, antes de que éste acceda al edificio.

– ¡Buenos días, Car! Hacía tiempo que… –parece arrepentirse de arrancar esta frase, y no la continúa- ¿Cómo estás?

– Buenos días… ¡Sí, hace ya tiempo!… Pues verás: llevo ya una larga temporada con problemas de salud.

– ¡Pues no lo aparentas! –Jess se interrumpe un instante, como para dar a Car la oportunidad de explicarse- Si te sirve de consuelo, todos arrastramos algo. Pero tampoco te voy a dar detalles. ¡Para qué aburrirte!

Car mira a Jess a la cara y dibuja una especie de mueca en la suya, parecida a una sonrisa.

– Lo cierto es que no; que no me serviría de consuelo. Pero sería para mí un gran placer escucharte y conocer los detalles de tus dolencias.

Esta sencilla situación dramatizada ilustra lo que pretendo decir: las relaciones humanas políticas (aquéllas no “distorsionadas” o “contaminadas” por elementos afectivos, tanto si son de aprecio como de odio; incluidos, entre medias, todos los matices) se basan en -y hasta se nutren de- crueldad, afrenta, codicia* y envidia.

El cansancio de los años, las losas que van cayendo sobre las almas una a una, acentúan estas “virtudes”, que devienen, gracias a este proceso, entidades más complejas y mejor dotadas para ejercer la crueldad sin demasiados lastres; a saber: con nulo o escaso sentimiento de culpa. El arrepentimiento se neutraliza y el cinismo se disfruta, convertido éste en un sofisticado “artefacto”.

Cuando se ha alcanzado una posición de cierto poder (siempre relativo, pues el poder tiende a concentrarse a medida que asciende), se disfruta de este juego de crueldad auto-justificada. Con ella es posible codiciar y envidiar; y hasta recrearse en las afrentas (tanto las infligidas como las sufridas). La humillación se tolera, ya que forma parte de los daños colaterales previsibles. Se procura, eso sí, no padecerla; o hacerlo lo menos posible. Los jugadores de más alto escalafón acumulan más y mejores opciones para evitarla… Pero no es éste su empeño principal, pues son conscientes de que ya han sido vacunados frente a ella.”

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Escribía esto hace unas semanas… No me animé a publicarlo. Entre otros motivos, porque no lo considero un texto ni redondo ni cerrado: algo se me escapa… ¡Pero esto es lo habitual, en cualquier texto mío!… Lo cierto es que me refrena su oscuridad: la sombra que proyecta… Me preocupan las sombras, ya que tienden a ser mal interpretadas. Y proyectar luz sobre todo es un ejercicio de impudicia que no da pie más que a interpretaciones categóricas; a juicios, de hecho. ¡Y yo no soy digno ni de sus juicios!

El episodio se basa en “hechos reales”, por supuesto… Antes recordaba, en duermevela, otros hechos reales… Los protagonistas del “drama” son tres: un Presidente conservador, de visita, y dos profesores interinos. Uno de éstos increpa al primero y le reprocha, con razón, las políticas de recortes, puestas en práctica por el Gobierno de turno con draconiano empeño. El segundo mantiene con el Presidente, finalmente, una charla bastante extensa, relajada y hasta afable, en la que le expone su situación y preocupaciones… Al día siguiente, en una llamada al Centro, el Presidente se acuerda del segundo interino, le manda saludos y asegura que le ve merecedor de superar sus incertidumbres.

En pocos años, el primer interino obtiene su “plaza en propiedad”; el segundo, mantiene, a día de hoy, su privilegiado puesto en las listas de vacantes, y está seguro ya de que esto -si algo o alguien no lo desbarata- seguirá siendo así hasta el día de su jubilación… ¡lo que no es, necesariamente, terrible! (quede claro).

Lo que quiero decir con esto (sin desdecirme de lo insinuado en el texto de la primera anécdota), es que el Destino es pura ironía y azar; que al mayúsculo hacedor le importan un bledo las personas o cualquier idea de justicia; o de Justicia, otro mayúsculo concepto siempre puesto en duda… ¡Pero poco importa!: nos mantenemos a flote braceando, y esto nos sostiene y nos mantiene vivos. Mientras, alrededor, se muere ahogado y se navega en barca o en yate; en los submarinos se cuece todo en secreto, y las islas paradisíacas están sólo al alcance de un uno por ciento… Cualquier día todo esto se lo lleva por delante el gran y definitivo “tsunami”. Así que… poco importa si braceas, te ahogas, navegas, conspiras o disfrutas de un daiquiri en la playa. Y es que la arbitrariedad de todo hace que los grandes conceptos pierdan su entidad y sentido: al final, pasará lo que tenga que pasar; y no significará nada.

Que las prioridades hayan cambiado (¡y nos han cambiado!), no significa que podamos olvidar lo que somos o lo que hemos vivido; ya que somos, entre otras cosas, lo que hemos vivido. Al menos nos quedará el legítimo derecho, siempre, de defender nuestra dignidad, la memoria y la supervivencia, hasta el límite de nuestras fuerzas y medios: por nosotros mismos y por los que nos siguen. Y son éstos, los que nos siguen, los que nos permiten verlo todo más claro; y los que le aportan sentido a toda esta broma.

¡El juego sigue!…

Y, ahora, habla, por favor: será para mí un gran placer escucharte y conocer los detalles de tus dolencias.

*N. del A.: Un sinónimo del concepto de codicia podría ser, perfectamente, el de propia conveniencia (si se prefiere).

 

 

Lo absoluto y el ABSOLUTISMO Vs. Relativismo (II)

•julio 8, 2017 • Dejar un comentario

Lo sé: es difícil definir tantos conceptos complejos, resbaladizos y, sobre todo, precisar para qué se mencionan… Trataré de hacerlo.

Posiblemente sean correctas las teorías que sostienen lo cíclico de la Historia: los inevitables regresos del horror y del desastre… Luego, le siguen la reconstrucción y la prosperidad; y vuelta a empezar… ¿En qué punto nos situamos ahora?: todos deseamos invocar la paz y el bienestar, es cierto, pero… ¿no nos estaríamos engañando?… Por no mencionar la, seguramente ilusa, teoría opuesta: la de una linealidad histórica en progreso constante, acumulativa, que avanza o se eleva, inevitablemente, hacia una región imprecisa, móvil, pero siempre mejor: como si fuera una especie de horizonte prometedor enmarcado por un hermoso arco-iris (nada que ver, en principio, con lo “LGTBI”).

De hecho, los profetas de la Nueva Era se desviven por destacar lo positivo, los progresos… Pero, ¿ocultan o se niegan a ver un lado oscuro, que no sólo se intuye, tierra de monstruos que parecen desatados? Sin duda, la tecnología digital constituye una novedad que está afectando al comportamiento, a las costumbres, a la velocidad vertiginosa de las comunicaciones, de las interacciones, de las transacciones y, en general, de las decisiones tomadas por miles de millones de personas, de manera casi simultánea… Creo que no será ésta la primera vez, sin embargo (ni la última), en la que yo sostenga que nada de ello está transformando la Esencia del Ser Humano: no a su Inmanencia, por así decirlo. Las apariencias de la Humanidad nos deslumbran de tal forma, quizá, que se nos emborronan los contornos, los límites y las líneas maestras de las propias esencias, que, queramos o no, nos esclavizan (como lo hace la gravedad, por cierto, a la que no se nos ocurriría reprochárselo; entre otras cosas, porque sin ella nuestra existencia no sería posible).

Quizá ahí radique el problema: en la presente y muy fomentada idolatría que se profesa hacia lo accesorio y pasajero, lo superficial, lo no intrínseco, lo excepcional; como si fuera todo ello esencia, central, nuclear; o un sucedáneo de todo ello. La velocidad de los cambios, de los desplazamientos supersónicos en una vertiginosa linea espacio-tiempo vital (al contrario de lo que nos depararía un buen paseo), nos impide ver lo que sí permanece y nos constituye. Los clásicos tal vez hablarían de serenidad y de alma… No sé si existen conceptos mejores para explicarlo.

Se diría que lo inamovible del alma nos incomoda; que preferimos ignorarla. De ahí que la piel, el depilado o la barba, el peinado o el tinte, el tatuaje, la baratija que cuelga del pellejo horadado, el intercambio constante de ropajes y de objetos concebidos para no durar, el desplazamiento desaforado físico entre geografías cuanto más alejadas mejor, el “tuit” (que no es otra cosa que la ocurrencia lanzada al infinito), lo irreflexivo, los contenidos educativos flexibles, la “naturalidad” sin auto-censura, el intercambio volátil de ideologías manipuladas y definidas por simplificaciones burdas… Lo provisional y lo voluble, en definitiva, tratan de constituirse en lo permanente y en invariables consolidadas: en NORMA.

No soy nada original al afirmar que a sujetos de esta naturaleza e inestabilidad se los puede manipular con una facilidad pasmosa. Sólo el analfabetismo (casi erradicado en Occidente, pero aún habitual en el Tercer Mundo) tiene consecuencias similiares entre las masas: la ausencia absoluta de conocimiento letrado iguala en sus efectos a la saturación inaprensible de información superflua (por no decir frívola, que también).

(NOTA: Léase lo que hace poco decía el pensador Slavoj Zizek: “Sintetizar y simplificar los datos es mejor que tener todos los datos. Somos ordenadores estúpidos; sabemos todo, pero no discernimos. La propia acumulación nos ha hecho perder la capacidad humana de discernir y sintetizar. Acumulamos datos, pero no tomamos decisiones”. N. del A.: En realidad, sí tomamos decisiones; pero las únicas que parecen importar son las que se refieren a nuestra aportación diaria a un ubícuo mecanismo llamado Capitalismo).

Quizá, como reacción a esto han ido surgiendo grupos e ideologías que se pretenden dotar de certezas; para ello, y por lo general, se proponen sustituir las viejas y caducas por otras más dignas de una Nueva Humanidad: ecuménicas, inclusivas y relativas. Que abarquen, en definitiva, el tótum-revolútum universal… ¡que sólo lo es en apariencia!

No hay nada más homogéneo, en este mundo de hoy, que las distintas corrientes de “pensamientos únicos”. Y tienen en común lo mismo que ostentaron los absolutismos de siempre: el control del Poder. La única diferencia con el pasado es que las posiciones y los intereses se mueven a gran velocidad (si bien no resulte hoy tan evidente toda esta mudanza, mas “lampedudisiana” que nunca, pues el frenesí parece empeñado en dejarlo todo como está). Además, se han sustituido las conquistas de territorios geográficos (“a sangre y fuego”, por así decirlo) por la de otro tipo de territorios: ideológicos, mentales, digitales, territorios invisibles en forma de red. Los “ejércitos” los conforman masas de inversión gigantescas “a la corta”, cuyos movimientos pueden durar horas, minutos o fracciones de segundo. Una estrategia bélica, por cierto, que está condenada al descontrol (un “control” sólo aparente, frágil, provisional) y a un encadenamiento endemoniado de derrotas: las llaman “crisis”.

Un efecto, algo imprevisible, que está teniendo esta estrategia global (adjetivo que parece connotar inmensidad, a pesar de la evidencia, cada vez mayor, de la pequeñez de este planeta) es la toma de posiciones en zonas estratégicas, pero tan inaprensibles e incorpóreas como todo a lo que nos referimos, de grupos humanos con un sentido de identidad, por así decirlo; azuzados, a menudo, por profundos sentimientos de afrenta o marginación. Ya no basta, en este caso, con la mera detentación del poder económico o de intereses político-estratégicos clásicos; no se trata, por tanto, de simples “lobbies” económicos o industriales: lo que les une son unas creencias, o arraigados sentimientos de naturaleza casi tribal. Manipulados o manipuladores, una vez más se auto-identifican con atributos que pueden ser superficiales (la homosexualidad, por ejemplo), pero que les dotan de sentido. Por cierto: el hecho de que lo espiritual y religioso tengan una historia detrás mucho más larga y trascendente que las “nuevas identidades”, no creo que las distinga demasiado, en este sentido, del ejemplo ya mencionado; pues lo que identifica a las religiones, a la postre, es lo externo: el puro rito y la liturgia; mucho más, los elementos histórico-culturales que el mensaje que encarnan (se crea en éste o no). Lo que, de verdad, es ESENCIA consustancial -y finalidad- de lo religioso es lo de siempre: el control de los seres humanos, el PODER sobre el mayor número posible de nosotros.

Se diría, por tanto, que la ultra-modernidad nos devuelve a lo clásico: a la guerra de posiciones, a la tribalización de los grupos humanos (más dispersos, esto sí, pero esclavos de las eternas esencias humanas; inevitables como la gravedad, como ya se dijo) y a una neo-homogeneidad, perfectamente encarnada en la ideología de lo “políticamente correcto”; sin duda, un NUEVO ABSOLUTISMO… Que se hayan visto los nuevos apóstoles forzados a imponer esta prohibición del disidente -al que siempre le “afearán la conducta”-, responde a la muy previsible resistencia, potencial o efectiva, frente a lo que es, después de todo, uno de tantos asaltos al poder y al control del pensamiento de la gente. Manipulación es poder… No han inventado nada, pues.

En definitiva, el pecado original y nefando del que se está hablando aquí no es la frivolidad, el mal gusto, la superficialidad, el acallamiento forzado del otro (no brutal, por el momento, si descartamos a los neo-salvajes, seguramente los más peligrosos; que vienen de Oriente y del Medievo, pero que no renuncian a las armas modernas que NOSOTROS les suministramos), los cierres de filas discriminatoriosLo peor es la glorificación de lo “distinto” (¡de la exhibición de lo “distinto”!), cuando lo que, de verdad, se pretende es LA IMPOSICIÓN de lo “distinto”, un nuevo y obnubilante pensamiento único, con apariencia de ser diverso y liberador; en realidad, caótico e inestable: sin más certezas que la disponibilidad de millones de personas dispuestas a tragar lo que sea, cohibidas por lo ineludible; por el respeto a todo menos a sus propios intereses o creencias, rancias o innobles, por definición. Inducidas a sentir una indefinible y desdibujada mala conciencia… Al fin y al cabo, toda religión NECESITA sus pecados.

Sin embargo, es el peor “pecado”, el más grave y el más grande, la ignorancia y hasta el desprecio, deliberados y sistemáticos, de lo esencial del Ser Humano. De su perentoria serenidad y de su alma… a falta de mejores conceptos. En definitiva, la falta de respeto a nosotros mismos.

Toménselo como ustedes quieran.